Nim Hakim era un hombre sin ninguna distinción especial. Un día, pasaba caminando al lado de una casa cuando unas personas le llamaron.
-Por favor, entra -le dijeron- y examina a nuestra señora, pues se encuentra enferma.
-Por qué yo? -preguntó Nim Hakim.
-Porque hace mucho tiempo un hombre sabio vaticinó su enfermedad y dijo: "Cuando se encuentre enferma, soló podrá ser curada por el color blanco, a cinco pies del suelo". Mientras buscábamos algo así, te vimos con un sombrero blanco, y como mides aproximadamente cinco pies queremos utilizar tu sombrero.
"Qué extraño!", pensó Nim Hakim, pero entró en la casa y permaneció al pie del lecho de la dama.
Al poco tiempo y de modo inequívoco, la señora se incorporó. Se sentía bastante mejor. "Soy un doctor natural", pensó Nim Hakim. Se había olvidado de que él era tan sólo un instrumento. Esto desató una extraña serie de acontecimientos. Nim decidió que su vida como estudiante era una pérdida de tiempo. Saldría al mundo y dejaría su huella. Se dirigió al panadero y le pidió que le hornease una barra de pan para sus viajes. Después emprendió el camino.
Al poco tiempo llegó a un país donde nadie le conocía, y pronto descubrió que la gente tenía un problema. Cierto elefante solía devastar la zona regularmente y pisoteaba a la gente hasta matarla.
-Tengo una cura para todos los males- les dijo Nim Hakim.
Se quedó allí aguardando al elefante. Muy pronto, el paquidermo se acercó con gran estruendo atravesando las calles de la capital. Todo el mundo salió corriendo, y lo mismo hizo Nim Hakim al darse cuenta de que esto era muy diferente a estar al pie de la cama de un enfermo. Pero el elefante le alcanzó, le tumbó y empezó a comerse su pan.
Mientras Nim Hakim yacía en el suelo aturdido, el elefante empezó a tambalearse y la gente salió de sus casas para ver qué es lo que estaba ocurriendo a su adalid. Salieron justo a tiempo de ver cómo el elefante se desplomaba y moría. Entonces llevaron a Nim Hakim triunfalmente hasta su rey. Lo que no sabían es que el panadero, que odiaba a Nim Hakim por sus aires de superioridad y porque además le debía una gran suma de dinero, había puesto en el pan suficiente veneno para matar a un elefante.
El rey, lleno de alegría por la liberación de su gente, le dio a Nim Hakim el nombre de Nim Mullah. Hakim significa "doctor", pero Mullah significa "maestro", y sin duda lo que Nim había hecho era una proeza digna de tal título.
-Me podéis llamar maestro si queréis- dijo Nim de modo altanero-, pero lo que pido es ser recompensado con el mando de todas vuestras tropas.
De hecho, las tropas del rey se habían dado con frecuencia a la fuga ante el mismo elefante. En parte por temor, en parte por admiración, y también por el deseo de contar con un hombre tan formidable a su servicio, el rey lo nombró Mariscal de los ejércitos Nim Mullah, y éste fue su título completo.
Pasaron los años y Nim empleó su tiempo aireando su propia importancia, y asegurándose de que aquellos que conocían su hazaña la transmitiesen. Muchísimos intentaron emularlo, pero fracasaron cuando miraron a gente enferma o intentaron matar elefantes en estampida
-Seguid intentándolo- decía Nim.
Pero el fracaso de sus seguidores, así como su propio éxito.sólo servían para probar que de algún modo él era un hombre superior. Al menos eso es lo que pensaban todos los interesados. Al no haber nadie que mantuviese una opinión distinta respecto al asunto, Nim quedó firmemente asentado en su papel.
Un día, entró en el país un tigre devorador de hombres. Cada cierto tiempo entraba en las aldeas y se llevaba a sus víctimas, hasta que la gente llamó a su héroe, el gran Mariscal de los Ejércitos Nim Mullah, para que los salvase.
Al frente del mayor ejército que el país había visto nunca, el mariscal Nim marchó contra el tigre. Finalmente, los exploradores localizaron al devorador de hombres. Como era habitual, las tropas huyeron en todas direcciones dejando a su líder completamente solo para que se enfrentara a la amenaza. Después de todo, se dijeron unos a otros, él era una especie de superhombre y era su deber, y no el de ellos, hacer ese tipo de cosas.
Cuando vio al tigre con sus propios ojos, Nim quedó aterrorizado y trepó al árbol más alto. El tigre se plantó debajo, acechándole. El asedio se prolongó varios días. Todas las noches la fiera rugía y Nim temblaba, y ambos tenían cada vez más hambre.
Tras una semana, el tigre rugió más fuerte que nunca y Nim, debilitado por la fatiga y el hambre, tembló como un flan. Este movimiento hizo que la daga de Nim se escurriese de su cinturón. Y he aquí que cayó justo cuando el tigre abría su boca para rugir de nuevo, la daga se hundió en la garganta del animal, matándolo al instante.
Al cabo de un rato, Nim se dio cuenta de lo que había ocurrido, "Sin duda alguna, soy el instrumento especial del destino, y por tanto soy el ser humano más importante que existe sobre la faz de la tierra", pensó. Bajando de las ramas, volvió al palacio del rey con las orejas del tigre, e inmediatamente se le proclamó gran campeón del reino.
No había pasado mucho tiempo, cuando el gran campeón tuvo noticias de que el ejército de un país vecino estaba invadiendo su tierra adoptiva. A pesar de los milagros que le habían protegido en el pasado, esta vez Nim se asustó. Esa misma noche reunió toda la cubertería de oro y plata que pudo encontrar, montó un caballo veloz y se alejo cabalgando, tratando de poner entre el enemigo y él tanta distancia como fuera posible antes del alba.
Cuando aún estaba bastante cerca del campamento enemigo, su caballo tropezó en la oscuridad. La preciada cubertería cayó estrepitosamente sobre unas rocas. Los soldados enemigos pensaron que les estaban atacando, se lanzaron a las armas y comenzaron a luchar entre sí. La batalla fue tan feroz que todos murieron.
Nim estaba escondido detrás de unas rocas, demasiado paralizado por el miedo para huir, cuando los exploradores de ejército del rey le encontraron y le condujeron en triunfante regreso a la sala del trono.
No hubo más crisis durante el resto de su vida y vivió hasta una edad muy avanzada. Por esto se pueden escuchar tantas historias acerca de Gran Nim, que realizó milagros y nunca fue derrotado. Aunque lo ignoren, cada las naciones cuentan, en su lejano y romántico pasado, con su propio Nim, aunque tenga otro nombre.
FIN.
******
Desearos una muy buena semana, muchas gracias por estar ahí y nos vemos muy prontito, Un abrazo.
martes, 19 de julio de 2016
jueves, 14 de julio de 2016
FELICIDAD, ÚNICO DESEO. "Anthony de Mello".
"LA PERSONA CONSCIENTE VIVE EN UN MUNDO DE UNICIDAD Y VARIEDAD, DE RENOVACIÓN Y DEL AHORA".
Un hombre estaba siempre importunando a Dios con toda clase de pedidos. Un día, Dios lo miró y le dijo: -Ya estoy harto, tres pedidos y no más. Tres peticiones, y después de darte eso no te daré nada más. Di tus tres deseos!
El hombre quedó encantado y preguntó:
-Puedo pedir cualquier cosa?
Y Dios dijo: Sí! tres pedidos y nada más!
Y el hombre habló: El Señor sabe que tengo vergüenza de hablar, pero me gustaría librarme de mi mujer, porque es una aburrida y siempre está...el Señor sabe. Es insoportable! No logro vivir con ella. Podrías librarme de ella?
Está bien -dijo Dios-, tu deseo será satisfecho.
Y la mujer murió.
El hombre se sentía culpable por el alivio que sentía, pero estaba feliz y relajado, y pensó:
- Voy a casarme con una mujer más atractiva.
Cuando los parientes y amigos fueron al funeral y comenzaron a rezar por la difunta, el hombre volvió de pronto en sí y exclamó:
-Mi Dios, yo tenía esta mujer encantadora y no la apreciaba cuando estaba viva.
Entonces se sintió muy mal, fue corriendo al encuentro de Dios y le pidió: -Tráigala de vuelta a la vida, Señor.
Dios respondió: -Está bien, segundo deseo concedido.
Ahora le quedaba sólo un deseo. Pensó: Qué debo pedir? y fue a consultar a los amigos.
Algunos dijeron: Pide dinero, si tienes dinero, puedes tener lo que quieras.
Otros: De qué te servirá el dinero si no tienes salud?
El pobre hombre ya no sabía qué pedir, porque otros decían: De qué sirve la inmortalidad, si no tienes nadie a quien amar? Pide el amor.
Entonces pensó, pensó..., y no consiguió llegar a ninguna conclusión, no lograba saber lo que quería. Cinco, diez años...
Un día le dijo Dios: Cuándo vas a hacer tu tercer pedido?
Y el pobre hombre dijo: Señor, estoy muy confuso, no sé qué pedir!. Podría el Señor decirme qué pedir?
Dios se rió cuando oyó esto y dijo: Está bien, te digo lo que debes pedir. Pide ser feliz, no importa lo que te pase. Ahí está el secreto!
FIN.
******
Desearos unos bonitos días, qué seáis felices y muchas, muchas gracias por estar ahí. Hasta la próxima semana!
Un hombre estaba siempre importunando a Dios con toda clase de pedidos. Un día, Dios lo miró y le dijo: -Ya estoy harto, tres pedidos y no más. Tres peticiones, y después de darte eso no te daré nada más. Di tus tres deseos!
El hombre quedó encantado y preguntó:
-Puedo pedir cualquier cosa?
Y Dios dijo: Sí! tres pedidos y nada más!
Y el hombre habló: El Señor sabe que tengo vergüenza de hablar, pero me gustaría librarme de mi mujer, porque es una aburrida y siempre está...el Señor sabe. Es insoportable! No logro vivir con ella. Podrías librarme de ella?
Está bien -dijo Dios-, tu deseo será satisfecho.
Y la mujer murió.
El hombre se sentía culpable por el alivio que sentía, pero estaba feliz y relajado, y pensó:
- Voy a casarme con una mujer más atractiva.
Cuando los parientes y amigos fueron al funeral y comenzaron a rezar por la difunta, el hombre volvió de pronto en sí y exclamó:
-Mi Dios, yo tenía esta mujer encantadora y no la apreciaba cuando estaba viva.
Entonces se sintió muy mal, fue corriendo al encuentro de Dios y le pidió: -Tráigala de vuelta a la vida, Señor.
Dios respondió: -Está bien, segundo deseo concedido.
Ahora le quedaba sólo un deseo. Pensó: Qué debo pedir? y fue a consultar a los amigos.
Algunos dijeron: Pide dinero, si tienes dinero, puedes tener lo que quieras.
Otros: De qué te servirá el dinero si no tienes salud?
El pobre hombre ya no sabía qué pedir, porque otros decían: De qué sirve la inmortalidad, si no tienes nadie a quien amar? Pide el amor.
Entonces pensó, pensó..., y no consiguió llegar a ninguna conclusión, no lograba saber lo que quería. Cinco, diez años...
Un día le dijo Dios: Cuándo vas a hacer tu tercer pedido?
Y el pobre hombre dijo: Señor, estoy muy confuso, no sé qué pedir!. Podría el Señor decirme qué pedir?
Dios se rió cuando oyó esto y dijo: Está bien, te digo lo que debes pedir. Pide ser feliz, no importa lo que te pase. Ahí está el secreto!
FIN.
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Desearos unos bonitos días, qué seáis felices y muchas, muchas gracias por estar ahí. Hasta la próxima semana!
LA RUEDA DE LA VIDA. "Elisabeth Kübler".
Dice Elisabeth: Vive de tal forma que al mirar hacia atrás "NO LAMENTES HABER DESPERDICIADO LA EXISTENCIA".
Vive de tal forma que no lamentes las cosas que has hecho, ni desees haber actuado de otra manera.
Vive con sinceridad y plenamente.
VIVE.
******
"EL RATÓN"
( La infancia)
Al ratón le gusta meterse por todas partes, es animado y juguetón,
y va siempre por delante de los demás.
"EL OSO"
( Edad madura, primeros años)
El oso es muy comodón y le encanta hibernar.
Al recordar su mocedad, se ríe de las correrías del ratón.
"EL BÚFALO"
( Edad madura, últimos años)
Al búfalo le gusta recorrer las praderas.
Confortablemente instalado, repasa su vida y anhela
desprenderse de su pesada carga
para convertirse en águila.
"EL ÁGUILA"
( Años finales)
Al águila le entusiasma sobrevolar el mundo desde las alturas,
no a fin de contemplar con desprecio a la gente,
sino para animarla
a que mire hacia lo alto.
FIN.
Buenos y feliz día para tod@s.
Vive de tal forma que no lamentes las cosas que has hecho, ni desees haber actuado de otra manera.
Vive con sinceridad y plenamente.
VIVE.
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"EL RATÓN"
( La infancia)
Al ratón le gusta meterse por todas partes, es animado y juguetón,
y va siempre por delante de los demás.
"EL OSO"
( Edad madura, primeros años)
El oso es muy comodón y le encanta hibernar.
Al recordar su mocedad, se ríe de las correrías del ratón.
"EL BÚFALO"
( Edad madura, últimos años)
Al búfalo le gusta recorrer las praderas.
Confortablemente instalado, repasa su vida y anhela
desprenderse de su pesada carga
para convertirse en águila.
"EL ÁGUILA"
( Años finales)
Al águila le entusiasma sobrevolar el mundo desde las alturas,
no a fin de contemplar con desprecio a la gente,
sino para animarla
a que mire hacia lo alto.
FIN.
Buenos y feliz día para tod@s.
miércoles, 6 de julio de 2016
LA MUJER DEL AGUA. ( La Dona D'aigua ) "Juan García Atienza".
Esta leyenda, expandida por toda Cataluña y convertida en una de las tradiciones más arraigadas de esta tierra, parece que tuvo sus orígenes en la sierra del Montseny, donde todavía se levanta una corpulenta encina que da cuenta cabal de la realidad mágica de aquella narración, cuyo tema se remonta, lo mismo que buena parte de las aventuras legendarias que han llegado hasta nosotros, a los tiempos medievales.
Las distintas variantes que nos han llegado de la leyenda coinciden en que su protagonista fue el señor de la Casa Blanc, un noble que alternaba sus actividades guerreras con su afición por la caza, a la que dedicaba todos los momentos libres que le prestaban sus obligaciones como vasallo de los primeros condes de Barcelona. Su pasión eran las piezas de caza mayor, que en aquellos tiempos abundaba en la sierra del Montseny en la que se levantaba su castillo. Cada mañana, al aparecer el lucero del alba, se levantaba con renovado deseo de tomar su caballo y su jauría y lanzarse a los montes en pos de jabalíes, ciervos, osos y cabras montaraces, cuando estos animales no eran todavía especies en peligro de extinción y su caza constituía casi una colaboración al equilibrio ecológico, porque así impedía que aquellas bestias proliferaran en exceso por las espesuras de los bosques.
Un día, después de estar toda la mañana persiguiendo inútilmente piezas que parecían cada vez más hábiles cuando de esquivarle se trataba, le alcanzó la hora del refrigerio de mediodía a la sombra de esa encina que hoy lo recuerda. Llamó a los servidores con el potente sonido de su trompa de caza y ordenó que le sirvieran allí mismo las viandas que habían preparado para comer. Luego, cuando le hubieran dejado a mano los alimentos, les mandó alejarse, con la sana intención de reposar la comida en soledad debajo de aquel árbol tan frondoso. Así pues, comió abundantemente y luego se tumbó relajado bajo su sombra, y estaba casi a punto de entrar en el reino de los sueños, cuando le pareció que todos los sonidos del bosque quedaban súbitamente en silencio, para no dejar oír más que una hermosa melodía que partía de algún lugar no muy lejano, desgranada con infinita dulzura por una voz femenina. Según dicen, aquel canto le recordó su infancia y el coro de las monjas del monasterio que se levantaba cercano al castillo. Sólo que esta canción que ahora escuchaba era mucho más sensual que los piadosos motetes de las sores.
Asombrado ante la belleza de aquella voz, caminó un trecho hacia el lugar de donde provenía y de pronto, entre los arbustos, junto a un arroyo, alcanzó a ver a una muchacha bellísima que peinaba sus cabellos mirándose en el espejo del agua de un remanso. Apenas apareció el señor, la muchacha interrumpió su canción y se le quedó mirando casi con miedo, sin pronunciar una sola palabra.
De inmediato, el señor de Casa Blanc sintió el impacto de su presencia y supo que aquélla era la mujer con la que siempre había soñado, aun sin saberlo. Le confesó su súbito amor y, queriendo saber quién era, le preguntó su nombre y de dónde venía. Pero ella, en lugar de contestarle, sonrió tranquilizada y volvió a entonar su hermosa melodía, dejando sin respuesta las preguntas del caballero. No por ello quedó él desanimado. Estaba habituado a ser obedecido y, tomándola por el brazo, la llevó al lugar donde le esperaban sus servidores, presentándola a todos ellos como la "dona d'aigua" y diciéndoles que ella sería desde aquel mismo instante su nueva señora, porque había decidido hacerla su esposa inmediatamente. La muchacha miraba a todos atemorizada, y durante mucho tiempo continuó sin pronunciar palabra, aunque siguió mansamente a su enamorado y aguardó casi encogida, como un corderillo asustado, el tiempo que discurrió entre los preparativos del casorio y la ceremonia de la boda.
Antes de que ésta tuviera lugar, sin embargo, la mujer dejó por fin oír su voz en un instante en que se encontraba sola con el que iba a ser su esposo.
-Tienes que saber que he aceptado unirme a ti porque siento en lo más profundo de mi ser el mismo amor que yo he despertado en ti. Pero habrás de recordar que, cuando me encontraste junto a la fuente, guardé silencio al preguntarme por mi nombre y por mi origen. Ahora quiero advertirte algo muy importante: jamás vuelvas a hacerme esas preguntas si quieres que nuestro matrimonio sea feliz y duradero. Recuerda también que jamás deberás volver a llamarme "dona d'aigua", como me has nombrado desde que nos encontramos, sino esposa. Y tenlo siempre en cuenta si quieres que perviva nuestro amor.
El señor de Casa Blanc aceptó aquella condición he hizo la promesa que se le pedía. Se celebró la boda con todo el esplendor que su nobleza exigía y, durante algunos años, nada vino a enturbiar la felicidad de la pareja. incluso se acrecentó con la llegada de dos hijos, un niño y una niña, por los que la esposa sentía una especial predilección.
Sin embargo, poco a poco, el caballero comenzó a aburrirse al lado de aquella mujer que se sumía constantemente en largos silencios. Aquel no saber nada sobre ella ni sobre quién podría ser su familia y su entorno comenzó a desazonarlo. Dio entonces por echar de menos sus aventuras cinegéticas, que tenía abandonadas desde su matrimonio. Y, poco a poco, primero por unas horas algunos días y luego por largas jornadas a lo largo de toda la semana, regresó a los montes a perseguir a las bestias salvajes con su jauría, abandonando paulatinamente la compañía de aquella esposa a la que había unido su vida. Al cabo de algún tiempo de esta reincidencia, la separación entre los esposos y su falta de comunicación era total. Ella callaba y consentía siempre, y él la atendía cada vez menos, como también menos atendía a sus hijos, hasta que un día la mujer no pudo aguantar más y le reprochó tímidamente las prologadas ausencias a las que la sometía.
El carácter del caballero se había ido agriando con aquellos silencios y, al oírle aquellos reproches, no pudo aguantar más y la emprendió a gritos con ella.
-Cómo te atreves a reprocharme mis ausencias, cuando estar a tu lado es como permanecer junto a una roca, de tan silenciosa como te muestras! Y aún te quejas de mi actitud, cuando no sé absolutamente nada de ti pasados los años que hemos vivido juntos. Sólo sé que te recogí de la nada, cuando no eras más que una dona d'aigua, y eso sigues siendo!
Apenas pronunció estas palabras, la mujer cambió de expresión y, sin que sirvieran de nada los arrepentimientos del esposo pidiéndole perdón por haber roto su promesa, salió huyendo del castillo y, perseguida de lejos por él, se internó en la montaña y desapareció por los pinares entre los precipicios del Gorc Negre, como si se hubiera arrojado al vacío desde su orilla.
Desesperado por haber roto la promesa y por la desaparición de la esposa, a la que seguía amando sinceramente, el señor de Casa Blanc, no volvió a sonreír ni a cazar. Salía del castillo,sí, pero cuando lo hacía era para acercarse al remanso de aquel riachuelo donde había encontrado a su amada y quedarse horas enteras recordándola, lamentando con tristeza su pérdida y esperando inútilmente escuchar de nuevo su voz. Sólo recuperó la esperanza cuando un día se dio cuenta de que sus hijos aparecían todas las mañanas perfectamente arreglados y vestidos y, habiéndole preguntado al niño, que era el mayor, éste le confesó que todas las noches acudía su madre junto a sus camas y los acariciaba y permanecía a su lado hasta que amanecía, y que, al llegar el alba, los lavaba, los peinaba y los vestía como si siguiera viviendo con ellos. El padre abrigó la esperanza de recuperarla y, durante varias noches, veló escondido en las cercanías de los dormitorios de los niños con el deseo de volverla a ver. Pero, como si algo superior a sus deseos se interpusiera en aquel reencuentro imposible, jamás apareció la dama cuando el padre estaba presente, por muy discretamente que creyera haberse escondido.
FIN.
******
Vivid los momentos, disfrutad de ellos allí donde os encontréis, felices vacaciones y, gracias muchas gracias por estar ahí, un abrazo. Hasta la semana que viene!
Las distintas variantes que nos han llegado de la leyenda coinciden en que su protagonista fue el señor de la Casa Blanc, un noble que alternaba sus actividades guerreras con su afición por la caza, a la que dedicaba todos los momentos libres que le prestaban sus obligaciones como vasallo de los primeros condes de Barcelona. Su pasión eran las piezas de caza mayor, que en aquellos tiempos abundaba en la sierra del Montseny en la que se levantaba su castillo. Cada mañana, al aparecer el lucero del alba, se levantaba con renovado deseo de tomar su caballo y su jauría y lanzarse a los montes en pos de jabalíes, ciervos, osos y cabras montaraces, cuando estos animales no eran todavía especies en peligro de extinción y su caza constituía casi una colaboración al equilibrio ecológico, porque así impedía que aquellas bestias proliferaran en exceso por las espesuras de los bosques.
Un día, después de estar toda la mañana persiguiendo inútilmente piezas que parecían cada vez más hábiles cuando de esquivarle se trataba, le alcanzó la hora del refrigerio de mediodía a la sombra de esa encina que hoy lo recuerda. Llamó a los servidores con el potente sonido de su trompa de caza y ordenó que le sirvieran allí mismo las viandas que habían preparado para comer. Luego, cuando le hubieran dejado a mano los alimentos, les mandó alejarse, con la sana intención de reposar la comida en soledad debajo de aquel árbol tan frondoso. Así pues, comió abundantemente y luego se tumbó relajado bajo su sombra, y estaba casi a punto de entrar en el reino de los sueños, cuando le pareció que todos los sonidos del bosque quedaban súbitamente en silencio, para no dejar oír más que una hermosa melodía que partía de algún lugar no muy lejano, desgranada con infinita dulzura por una voz femenina. Según dicen, aquel canto le recordó su infancia y el coro de las monjas del monasterio que se levantaba cercano al castillo. Sólo que esta canción que ahora escuchaba era mucho más sensual que los piadosos motetes de las sores.
Asombrado ante la belleza de aquella voz, caminó un trecho hacia el lugar de donde provenía y de pronto, entre los arbustos, junto a un arroyo, alcanzó a ver a una muchacha bellísima que peinaba sus cabellos mirándose en el espejo del agua de un remanso. Apenas apareció el señor, la muchacha interrumpió su canción y se le quedó mirando casi con miedo, sin pronunciar una sola palabra.
De inmediato, el señor de Casa Blanc sintió el impacto de su presencia y supo que aquélla era la mujer con la que siempre había soñado, aun sin saberlo. Le confesó su súbito amor y, queriendo saber quién era, le preguntó su nombre y de dónde venía. Pero ella, en lugar de contestarle, sonrió tranquilizada y volvió a entonar su hermosa melodía, dejando sin respuesta las preguntas del caballero. No por ello quedó él desanimado. Estaba habituado a ser obedecido y, tomándola por el brazo, la llevó al lugar donde le esperaban sus servidores, presentándola a todos ellos como la "dona d'aigua" y diciéndoles que ella sería desde aquel mismo instante su nueva señora, porque había decidido hacerla su esposa inmediatamente. La muchacha miraba a todos atemorizada, y durante mucho tiempo continuó sin pronunciar palabra, aunque siguió mansamente a su enamorado y aguardó casi encogida, como un corderillo asustado, el tiempo que discurrió entre los preparativos del casorio y la ceremonia de la boda.
Antes de que ésta tuviera lugar, sin embargo, la mujer dejó por fin oír su voz en un instante en que se encontraba sola con el que iba a ser su esposo.
-Tienes que saber que he aceptado unirme a ti porque siento en lo más profundo de mi ser el mismo amor que yo he despertado en ti. Pero habrás de recordar que, cuando me encontraste junto a la fuente, guardé silencio al preguntarme por mi nombre y por mi origen. Ahora quiero advertirte algo muy importante: jamás vuelvas a hacerme esas preguntas si quieres que nuestro matrimonio sea feliz y duradero. Recuerda también que jamás deberás volver a llamarme "dona d'aigua", como me has nombrado desde que nos encontramos, sino esposa. Y tenlo siempre en cuenta si quieres que perviva nuestro amor.
El señor de Casa Blanc aceptó aquella condición he hizo la promesa que se le pedía. Se celebró la boda con todo el esplendor que su nobleza exigía y, durante algunos años, nada vino a enturbiar la felicidad de la pareja. incluso se acrecentó con la llegada de dos hijos, un niño y una niña, por los que la esposa sentía una especial predilección.
Sin embargo, poco a poco, el caballero comenzó a aburrirse al lado de aquella mujer que se sumía constantemente en largos silencios. Aquel no saber nada sobre ella ni sobre quién podría ser su familia y su entorno comenzó a desazonarlo. Dio entonces por echar de menos sus aventuras cinegéticas, que tenía abandonadas desde su matrimonio. Y, poco a poco, primero por unas horas algunos días y luego por largas jornadas a lo largo de toda la semana, regresó a los montes a perseguir a las bestias salvajes con su jauría, abandonando paulatinamente la compañía de aquella esposa a la que había unido su vida. Al cabo de algún tiempo de esta reincidencia, la separación entre los esposos y su falta de comunicación era total. Ella callaba y consentía siempre, y él la atendía cada vez menos, como también menos atendía a sus hijos, hasta que un día la mujer no pudo aguantar más y le reprochó tímidamente las prologadas ausencias a las que la sometía.
El carácter del caballero se había ido agriando con aquellos silencios y, al oírle aquellos reproches, no pudo aguantar más y la emprendió a gritos con ella.
-Cómo te atreves a reprocharme mis ausencias, cuando estar a tu lado es como permanecer junto a una roca, de tan silenciosa como te muestras! Y aún te quejas de mi actitud, cuando no sé absolutamente nada de ti pasados los años que hemos vivido juntos. Sólo sé que te recogí de la nada, cuando no eras más que una dona d'aigua, y eso sigues siendo!
Apenas pronunció estas palabras, la mujer cambió de expresión y, sin que sirvieran de nada los arrepentimientos del esposo pidiéndole perdón por haber roto su promesa, salió huyendo del castillo y, perseguida de lejos por él, se internó en la montaña y desapareció por los pinares entre los precipicios del Gorc Negre, como si se hubiera arrojado al vacío desde su orilla.
Desesperado por haber roto la promesa y por la desaparición de la esposa, a la que seguía amando sinceramente, el señor de Casa Blanc, no volvió a sonreír ni a cazar. Salía del castillo,sí, pero cuando lo hacía era para acercarse al remanso de aquel riachuelo donde había encontrado a su amada y quedarse horas enteras recordándola, lamentando con tristeza su pérdida y esperando inútilmente escuchar de nuevo su voz. Sólo recuperó la esperanza cuando un día se dio cuenta de que sus hijos aparecían todas las mañanas perfectamente arreglados y vestidos y, habiéndole preguntado al niño, que era el mayor, éste le confesó que todas las noches acudía su madre junto a sus camas y los acariciaba y permanecía a su lado hasta que amanecía, y que, al llegar el alba, los lavaba, los peinaba y los vestía como si siguiera viviendo con ellos. El padre abrigó la esperanza de recuperarla y, durante varias noches, veló escondido en las cercanías de los dormitorios de los niños con el deseo de volverla a ver. Pero, como si algo superior a sus deseos se interpusiera en aquel reencuentro imposible, jamás apareció la dama cuando el padre estaba presente, por muy discretamente que creyera haberse escondido.
FIN.
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Vivid los momentos, disfrutad de ellos allí donde os encontréis, felices vacaciones y, gracias muchas gracias por estar ahí, un abrazo. Hasta la semana que viene!
domingo, 26 de junio de 2016
EL CORDERO QUE TENÍA LA LANA DORADA. "Del Zapatero Astrólogo".
Érase una vez...,A menos de mil millas de aquí...,Hubo un tiempo en que...fórmulas universales tan antiguas para poner en marcha el motor de la ensoñación, activar la conciencia y, como si se tratara del decorado de un teatro, transformar nuestro entorno en un paisaje diferente, donde desiertos y vergeles, hadas y brujas, princesas y criadas, sultanes y derviches, dragones y caballeros, océanos y cúpulas celestes se sucedan en la tramoya de nuestra imaginación. Cuando la voz entona el érase una vez, el pasado deja de ser tiempo remoto para hacerse presente y vislumbrar un espacio en el que cada uno de nosotros pueda ser cuanto quiera ser.
******
Había una vez un hombre pobre que tenía un hijo. Cuando éste creció, su padre le envió a buscar un empleo. El chico viajó de un lugar a otro hasta que al fin encontró trabajo como pastor.
Al día siguiente su patrón le dio una flauta y le envió con las ovejas para comprobar qué tal se portaba. El muchacho no descansó en todo el día. Al contrario que otros chicos perezosos, llevó las ovejas de un lado a otro mientras tocaba la flauta.
Entre las ovejas había un cordero de lana dorada que se ponía a bailar cuando oía la flauta. El muchacho le tomó mucho cariño y decidió que no pediría a su patrón más paga que aquel corderito.
Al anochecer volvió a casa. El amo esperaba en la puerta y quedó muy complacido cuando vio que no faltaba ninguna oveja y que estaban bien alimentadas, por lo que empezó a negociar la paga con el muchacho. Éste le dijo que no quería más que el cordero de lana dorada. Al granjero también le gustaba mucho aquel cordero y, aunque de mala gana, acabó prometiéndoselo, pues comprendió que no le sería fácil encontrar otro pastor tan bien dispuesto.
Así pasó un año, al cabo del cual el muchacho recibió el cordero como paga y partió con él. Caía la noche cuando llegaron a un pueblo y se dirigieron a una posada para buscar cobijo. En la casa había una muchacha qué, cuando vio al cordero de lana dorada, decidió robarlo. a media noche se acercó a él, pero, en el momento que tocó el cordero, se quedó pegada firmemente a su lana, y así se la encontró el chico cuando se levantó. Intentó separarlos, pero no lo consiguió, y como no quería abandonar a su cordero, se los llevó a los dos.
Cuando pasó por delante de la tercera puerta de la casa donde había pasado la noche, sacó su flauta y empezó a tocar. Entonces el cordero comenzó a bailar y también la muchacha, que seguía pegada a su vellón.
A la vuelta de la esquina, una mujer estaba metiendo el pan en el horno. Al mirar hacía arriba, vio al cordero bailando y a la muchacha pegada a él. Cogiendo la pala del panadero para asustar a la muchacha, salió corriendo y gritando:
-Vuelve a casa y deja de hacer el tonto.
Como la chica seguía bailando, la mujer gritó:
-No vas a obedecer?
Y le dio un golpe en la espalda con la pala, que en el mismo momento se pegó a la chica. La mujer se quedó pegada a la pala, que estaba pegada a la chica, que a su vez estaba pegada al cordero de lana dorada. Y el muchacho partió con todos ellos.
Siguieron su camino hasta llegar a la iglesia. El muchacho empezó a tocar de nuevo, y el cordero empezó a bailar, con su lana pegada a la chica, la pala pegada a la espalda de la chica y la mujer al final de la pala. En un momento el cura salió de maitines y, al ver lo que pasaba, empezó a regañarles y a ordenar que no hicieran tonterías y que se marcharan a casa. Como las palabras no tenían efecto alguno, golpeó sonoramente a la mujer en la espalda con su bastón, pero, para su sorpresa, el bastón se pegó a la mujer y él se quedó pegado al extremo del bastón.
Con esta divertida compañía, el muchacho continuó su camino. Era de noche cuando llegó a la capital del reino y buscó alojamiento en casa de una anciana.
-Qué noticias hay por aquí?- preguntó el pastor.
La anciana le contó que había ocurrido una gran desgracia: la hija del rey estaba muy enferma y ningún medico podía curarla, pero si alguien conseguía hacerla reír se pondría bien de inmediato. Todavía nadie lo había conseguido, de modo que el rey, desesperado, había hecho un anuncio proclamando que quien hiciera reír a su hija la desposaría y compartiría el poder real.
El muchacho a duras penas pudo esperar hasta la mañana siguiente, tan ansioso estaba de probar su suerte.
Así que se presentó muy temprano ante el rey, le explicó sus deseos y fue recibido amablemente. La princesa estaba en la entrada del palacio. Entonces el pastor comenzó a tocar la flauta, el cordero de lana dorada se puso a bailar, pegada a su lana la chica, en la espalda de la chica la pala, al final de la pala la mujer, en la espalda de la mujer el bastón y al final del bastón el cura.
Cuando la princesa vio aquello, rompió a reír, lo cual puso al cordero de lana dorada tan contento que se lo sacudió todo del lomo, y el cordero, la chica, la mujer y el cura empezaron a bailar por su cuenta muy contentos.
El rey casó a su hija con el pastor, y nombró capellán de la corte al cura, panadera real a la mujer y dama de compañía de la princesa a la chica.
La boda duró siete días con sus respectivas noches, todo el país estaba desbordado de alegría, y aún estarían bailando si las cuerdas de los violines no se hubieran roto.
FIN.
******
Que paséis una muy buena semana, daros siempre las gracias por estar ahí y un abrazo para tod@s.
******
Había una vez un hombre pobre que tenía un hijo. Cuando éste creció, su padre le envió a buscar un empleo. El chico viajó de un lugar a otro hasta que al fin encontró trabajo como pastor.
Al día siguiente su patrón le dio una flauta y le envió con las ovejas para comprobar qué tal se portaba. El muchacho no descansó en todo el día. Al contrario que otros chicos perezosos, llevó las ovejas de un lado a otro mientras tocaba la flauta.
Entre las ovejas había un cordero de lana dorada que se ponía a bailar cuando oía la flauta. El muchacho le tomó mucho cariño y decidió que no pediría a su patrón más paga que aquel corderito.
Al anochecer volvió a casa. El amo esperaba en la puerta y quedó muy complacido cuando vio que no faltaba ninguna oveja y que estaban bien alimentadas, por lo que empezó a negociar la paga con el muchacho. Éste le dijo que no quería más que el cordero de lana dorada. Al granjero también le gustaba mucho aquel cordero y, aunque de mala gana, acabó prometiéndoselo, pues comprendió que no le sería fácil encontrar otro pastor tan bien dispuesto.
Así pasó un año, al cabo del cual el muchacho recibió el cordero como paga y partió con él. Caía la noche cuando llegaron a un pueblo y se dirigieron a una posada para buscar cobijo. En la casa había una muchacha qué, cuando vio al cordero de lana dorada, decidió robarlo. a media noche se acercó a él, pero, en el momento que tocó el cordero, se quedó pegada firmemente a su lana, y así se la encontró el chico cuando se levantó. Intentó separarlos, pero no lo consiguió, y como no quería abandonar a su cordero, se los llevó a los dos.
Cuando pasó por delante de la tercera puerta de la casa donde había pasado la noche, sacó su flauta y empezó a tocar. Entonces el cordero comenzó a bailar y también la muchacha, que seguía pegada a su vellón.
A la vuelta de la esquina, una mujer estaba metiendo el pan en el horno. Al mirar hacía arriba, vio al cordero bailando y a la muchacha pegada a él. Cogiendo la pala del panadero para asustar a la muchacha, salió corriendo y gritando:
-Vuelve a casa y deja de hacer el tonto.
Como la chica seguía bailando, la mujer gritó:
-No vas a obedecer?
Y le dio un golpe en la espalda con la pala, que en el mismo momento se pegó a la chica. La mujer se quedó pegada a la pala, que estaba pegada a la chica, que a su vez estaba pegada al cordero de lana dorada. Y el muchacho partió con todos ellos.
Siguieron su camino hasta llegar a la iglesia. El muchacho empezó a tocar de nuevo, y el cordero empezó a bailar, con su lana pegada a la chica, la pala pegada a la espalda de la chica y la mujer al final de la pala. En un momento el cura salió de maitines y, al ver lo que pasaba, empezó a regañarles y a ordenar que no hicieran tonterías y que se marcharan a casa. Como las palabras no tenían efecto alguno, golpeó sonoramente a la mujer en la espalda con su bastón, pero, para su sorpresa, el bastón se pegó a la mujer y él se quedó pegado al extremo del bastón.
Con esta divertida compañía, el muchacho continuó su camino. Era de noche cuando llegó a la capital del reino y buscó alojamiento en casa de una anciana.
-Qué noticias hay por aquí?- preguntó el pastor.
La anciana le contó que había ocurrido una gran desgracia: la hija del rey estaba muy enferma y ningún medico podía curarla, pero si alguien conseguía hacerla reír se pondría bien de inmediato. Todavía nadie lo había conseguido, de modo que el rey, desesperado, había hecho un anuncio proclamando que quien hiciera reír a su hija la desposaría y compartiría el poder real.
El muchacho a duras penas pudo esperar hasta la mañana siguiente, tan ansioso estaba de probar su suerte.
Así que se presentó muy temprano ante el rey, le explicó sus deseos y fue recibido amablemente. La princesa estaba en la entrada del palacio. Entonces el pastor comenzó a tocar la flauta, el cordero de lana dorada se puso a bailar, pegada a su lana la chica, en la espalda de la chica la pala, al final de la pala la mujer, en la espalda de la mujer el bastón y al final del bastón el cura.
Cuando la princesa vio aquello, rompió a reír, lo cual puso al cordero de lana dorada tan contento que se lo sacudió todo del lomo, y el cordero, la chica, la mujer y el cura empezaron a bailar por su cuenta muy contentos.
El rey casó a su hija con el pastor, y nombró capellán de la corte al cura, panadera real a la mujer y dama de compañía de la princesa a la chica.
La boda duró siete días con sus respectivas noches, todo el país estaba desbordado de alegría, y aún estarían bailando si las cuerdas de los violines no se hubieran roto.
FIN.
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Que paséis una muy buena semana, daros siempre las gracias por estar ahí y un abrazo para tod@s.
sábado, 18 de junio de 2016
LA NINFA DEL JÚCAR. "Juan García Atienza".
Si las leyendas se perdieran cuando desaparece el lugar donde sucedieron, ésta que ahora vamos a narrar aquí no formaría ya parte de la tradición conquense que la conserva, porque su entorno natural, la alegre orilla del cauce alto del Júcar, hace ya mucho que desapareció por aquellos parajes concretos, hundidos definitivamente por las aguas de la orilla norte del pantano de Alarcón. Por aquellas cercanías se alza un pueblo llamado Villaverde y Pasconsol, que unió en una sola las dos antiguas localidades que le prestaron su nombre y que constituyen el centro geográfico donde esta vieja tradición, amparada por la leyenda, se ha conservado hasta hoy mismo.
Es aquella una comarca muy agreste, poco apta para cultivos y sí, y muchos para la caza. Fue lugar muy codiciado en aquellos tiempos medievales en los que los señores de la guerra se preocupaban muy poco o nada por fertilizar sus tierras y mataban su aburrimiento entre dos campañas persiguiendo venados y jabalíes durante los escasos tiempos de paz de que podían disfrutar. La ambición de aquellos señores de horca y cuchillo se cifraba en ampliar sus territorios y, cuando no había ocasión de acumular tierras por medio de las armas, concertaban matrimonios entre sus familias para que las bodas unieran territorios colindantes y así se ampliasen poco a poco las posesiones y los límites inciertos de los respectivos cotos de caza.
Tal sucedió con el señor de cierto castillo que dominaba sobre estos dos pueblos. Tenía un solo hijo que heredaría todos sus bienes y, para ampliarle el patrimonio, apalabró su enlace con la hija, también única, de un señor vecino que era igualmente poseedor de una enorme extensión de tierras. Los dos jóvenes apenas se conocían y, en verdad, nada podían sentir el uno por el otro, pero ambos aceptaron sin rechistar la componenda de sus respectivos padres, porque ésa era la costumbre establecida y nada se interponía que incitase a protestar o a rebelarse contra ella. Así, establecidas las mutuas capitulaciones, la ceremonia del matrimonio fue fijada para un determinado día que no viene siquiera al caso. Y en ambos castillos, alejados el uno del otro aunque vecinos, se comenzaron los preparativos para el acontecimiento que iba a tener lugar. Mientras el joven heredero, ya cercano el día del enlace, salía solo de caza por aquellos parajes que ya se conocía desde la infancia como la palma de su mano.
Cabalgaba por las cercanías del río Júcar buscando huellas en el barro que le descubriera el paso de las piezas cuando alcanzó a escuchar un canto femenino más dulce y más atrayente que la piedra del rayo. Olvidado repentinamente del motivo de su salida, dejó a los perros que rastrearan a su aire y fue acercándose a la orilla, descubriendo entonces que, en un remanso, entre los arbustos, una muchacha desconocida, más bella que la luna, secaba al sol sus cabellos recién lavados mientras salmodiaba aquella melodía que tan poderoso imán había servido. El joven salió de entre los árboles, y la muchacha, al advertir su presencia, tuvo tentaciones de saltar al agua y alejarse nadando, pero la figura arrogante del muchacho la obligó a esperarlo con una sonrisa, como si le hubiera estado aguardando desde mucho tiempo antes. Mientras se contemplaban en silencio, entre ambos pareció brotar una sensación nueva, arrebatadora, capaz de transformar y dar sentido a toda su vida. En ellos, sin que ni siquiera llegasen a darse cuenta, estaba naciendo a borbotones un amor que ninguno de los dos había sentido hasta entonces. Un amor que no necesitaba de palabras para manifestarse y que al joven noble le hizo olvidar súbitamente todo el plan de vida que se había o que le habían trazado. De pronto supo con claridad meridiana que su existencia dependía de estar cerca de aquella mujer que tenía expectante ante sí. Y nada le importó más que tenerla a su vera, permanecer a su lado y prolongar aquella cercanía hasta más allá del tiempo. Sus manos y sus cuerpos se unieron como si quisieran formar parte de un solo ser, y todo cuando no fuera aquel profundo contacto dejó de tener importancia en la soledad de la floresta junto al río.
Así, unidos, como una sola alma en dos cuerpos a cada instante más identificados, transcurrió el día, la noche siguiente y el amanecer. Cada suspiro que exhalaba ella lo inhalaba él y la respiración de ambos se hizo una sola y sus voces, apenas murmullos que sólo ellos entendían, se volvieron música sentida más allá del entendimiento.
Sin pronunciar palabra, ella le hizo entender que era una ninfa del río, que deseaba su compañía y que nunca más podría separarse de él. Tendiéndole la mano le invitó a penetrar con ella en la corriente. Caminaron hasta alcanzar el centro, hasta perder pie y dejarse arrastrar por las aguas y hundirse en ellas y desaparecer bajo su transparencia hasta llegar, en lo más hondo, a una cueva por cuya bocana pasaron juntos y tomados de las manos, para seguir descendiendo y atravesar una puerta que se abrió sola ante ellos y les dio acceso al palacio más maravilloso que el muchacho hubiera podido imaginar y que, a partir de entonces, habría de convertirse en su hogar para toda la eternidad.
Mientras, en el castillo, el padre había advertido alarmado la ausencia del hijo, tan larga ya que no imaginaba que pudiera obedecer al capricho obsesivo de sus aficiones cinegéticas. Los perros habían regresado sin él, como buscándolo entre los fosos y los bosquecillos cercanos al castillo. Y el padre, temiendo algún accidente, ordenó a todo el personal de la casa que saliera a buscarlo por los alrededores.
Pero ni una sola señal permitió sospechar dónde podría encontrarse, ni vivo ni muerto. Pensaron en un ataque de las fieras que aún poblaban aquellos andurriales, pero no había restos, ni huellas, ni sangre que pudiera confirmar aquella tragedia. Pensaron en una huida del joven, temeroso ante el matrimonio que le aguardaba, pero tuvieron que abandonar la idea pensando que los perros lo habrían seguido. Por imaginar, imaginaron también que pudo caer al río y ser arrastrado por la corriente, pero rastrearon el cauce a lo largo de muchas leguas sin que apareciera señal alguna que confirmase aquella tragedia.
Finalmente, el padre tuvo que aceptar que algún tipo de muerte misteriosa le había arrebatado a su hijo y único heredero. Nadie lo pudo consolar, ni siquiera la presencia amistosa de su vecino ni de la muchacha que estaba destinada a convertirse en su hija cuando el fallido matrimonio se hubiera celebrado. Poco a poco, se hundió en su tristeza, deseando la muerte que le llevase donde pudiera encontrarse de nuevo con su hijo. En poco tiempo, entregó su alma al buen Dios y sus vasallos abandonaron el castillo llevándose todo cuanto pudieron, porque nadie habría de venir a reclamarlo. Y, en poco tiempo, las piedras de la fortaleza se fueron desmoronando en silencio, hasta convertir el lugar en un informe montón de ruinas que las hierbas y las enredaderas salvajes no tardaron en cubrir. De aquel castillo no quedó más que el recuerdo entre los campesinos que antes habían sido sus siervos y que, desde entonces, no dependieron de más dueño que del recuerdo de aquel señor desaparecido en medio del misterio.
Pero muchas noches, en las orillas del Júcar, como para confirmar una presencia imposible, se escucharon cantos y risas que llegaban del fondo de las aguas y que a muchos hicieron pensar que el joven amo perdido se encontraba vivo y, sin duda, feliz, en algún lugar más allá de la corriente que se precipitaba hacia las Hoces.
FIN.
******
El mundo de los seres elementales , ese mundo "en el que usted no cree", forma parte inalienable de la tradición popular universal. Siempre, desde que se nos configuró la conciencia, ha vivido entre nosotros. Y la humanidad, bajo cualquiera de las fórmulas cambiantes que le va exigiendo el paso del tiempo, sigue recurriendo a él y a su imposible presencia para justificar su inevitable y visceral tendencia hacía lo numinoso, al margen de las devociones y las doctrinas que se le han impuesto desde más allá de sus querencias espirituales inmediatas.
Pasad un bonito fin de semana, muchas,muchas gracias por estar ahí, nos vemos la semana que viene. un abrazo.
Es aquella una comarca muy agreste, poco apta para cultivos y sí, y muchos para la caza. Fue lugar muy codiciado en aquellos tiempos medievales en los que los señores de la guerra se preocupaban muy poco o nada por fertilizar sus tierras y mataban su aburrimiento entre dos campañas persiguiendo venados y jabalíes durante los escasos tiempos de paz de que podían disfrutar. La ambición de aquellos señores de horca y cuchillo se cifraba en ampliar sus territorios y, cuando no había ocasión de acumular tierras por medio de las armas, concertaban matrimonios entre sus familias para que las bodas unieran territorios colindantes y así se ampliasen poco a poco las posesiones y los límites inciertos de los respectivos cotos de caza.
Tal sucedió con el señor de cierto castillo que dominaba sobre estos dos pueblos. Tenía un solo hijo que heredaría todos sus bienes y, para ampliarle el patrimonio, apalabró su enlace con la hija, también única, de un señor vecino que era igualmente poseedor de una enorme extensión de tierras. Los dos jóvenes apenas se conocían y, en verdad, nada podían sentir el uno por el otro, pero ambos aceptaron sin rechistar la componenda de sus respectivos padres, porque ésa era la costumbre establecida y nada se interponía que incitase a protestar o a rebelarse contra ella. Así, establecidas las mutuas capitulaciones, la ceremonia del matrimonio fue fijada para un determinado día que no viene siquiera al caso. Y en ambos castillos, alejados el uno del otro aunque vecinos, se comenzaron los preparativos para el acontecimiento que iba a tener lugar. Mientras el joven heredero, ya cercano el día del enlace, salía solo de caza por aquellos parajes que ya se conocía desde la infancia como la palma de su mano.
Cabalgaba por las cercanías del río Júcar buscando huellas en el barro que le descubriera el paso de las piezas cuando alcanzó a escuchar un canto femenino más dulce y más atrayente que la piedra del rayo. Olvidado repentinamente del motivo de su salida, dejó a los perros que rastrearan a su aire y fue acercándose a la orilla, descubriendo entonces que, en un remanso, entre los arbustos, una muchacha desconocida, más bella que la luna, secaba al sol sus cabellos recién lavados mientras salmodiaba aquella melodía que tan poderoso imán había servido. El joven salió de entre los árboles, y la muchacha, al advertir su presencia, tuvo tentaciones de saltar al agua y alejarse nadando, pero la figura arrogante del muchacho la obligó a esperarlo con una sonrisa, como si le hubiera estado aguardando desde mucho tiempo antes. Mientras se contemplaban en silencio, entre ambos pareció brotar una sensación nueva, arrebatadora, capaz de transformar y dar sentido a toda su vida. En ellos, sin que ni siquiera llegasen a darse cuenta, estaba naciendo a borbotones un amor que ninguno de los dos había sentido hasta entonces. Un amor que no necesitaba de palabras para manifestarse y que al joven noble le hizo olvidar súbitamente todo el plan de vida que se había o que le habían trazado. De pronto supo con claridad meridiana que su existencia dependía de estar cerca de aquella mujer que tenía expectante ante sí. Y nada le importó más que tenerla a su vera, permanecer a su lado y prolongar aquella cercanía hasta más allá del tiempo. Sus manos y sus cuerpos se unieron como si quisieran formar parte de un solo ser, y todo cuando no fuera aquel profundo contacto dejó de tener importancia en la soledad de la floresta junto al río.
Así, unidos, como una sola alma en dos cuerpos a cada instante más identificados, transcurrió el día, la noche siguiente y el amanecer. Cada suspiro que exhalaba ella lo inhalaba él y la respiración de ambos se hizo una sola y sus voces, apenas murmullos que sólo ellos entendían, se volvieron música sentida más allá del entendimiento.
Sin pronunciar palabra, ella le hizo entender que era una ninfa del río, que deseaba su compañía y que nunca más podría separarse de él. Tendiéndole la mano le invitó a penetrar con ella en la corriente. Caminaron hasta alcanzar el centro, hasta perder pie y dejarse arrastrar por las aguas y hundirse en ellas y desaparecer bajo su transparencia hasta llegar, en lo más hondo, a una cueva por cuya bocana pasaron juntos y tomados de las manos, para seguir descendiendo y atravesar una puerta que se abrió sola ante ellos y les dio acceso al palacio más maravilloso que el muchacho hubiera podido imaginar y que, a partir de entonces, habría de convertirse en su hogar para toda la eternidad.
Mientras, en el castillo, el padre había advertido alarmado la ausencia del hijo, tan larga ya que no imaginaba que pudiera obedecer al capricho obsesivo de sus aficiones cinegéticas. Los perros habían regresado sin él, como buscándolo entre los fosos y los bosquecillos cercanos al castillo. Y el padre, temiendo algún accidente, ordenó a todo el personal de la casa que saliera a buscarlo por los alrededores.
Pero ni una sola señal permitió sospechar dónde podría encontrarse, ni vivo ni muerto. Pensaron en un ataque de las fieras que aún poblaban aquellos andurriales, pero no había restos, ni huellas, ni sangre que pudiera confirmar aquella tragedia. Pensaron en una huida del joven, temeroso ante el matrimonio que le aguardaba, pero tuvieron que abandonar la idea pensando que los perros lo habrían seguido. Por imaginar, imaginaron también que pudo caer al río y ser arrastrado por la corriente, pero rastrearon el cauce a lo largo de muchas leguas sin que apareciera señal alguna que confirmase aquella tragedia.
Finalmente, el padre tuvo que aceptar que algún tipo de muerte misteriosa le había arrebatado a su hijo y único heredero. Nadie lo pudo consolar, ni siquiera la presencia amistosa de su vecino ni de la muchacha que estaba destinada a convertirse en su hija cuando el fallido matrimonio se hubiera celebrado. Poco a poco, se hundió en su tristeza, deseando la muerte que le llevase donde pudiera encontrarse de nuevo con su hijo. En poco tiempo, entregó su alma al buen Dios y sus vasallos abandonaron el castillo llevándose todo cuanto pudieron, porque nadie habría de venir a reclamarlo. Y, en poco tiempo, las piedras de la fortaleza se fueron desmoronando en silencio, hasta convertir el lugar en un informe montón de ruinas que las hierbas y las enredaderas salvajes no tardaron en cubrir. De aquel castillo no quedó más que el recuerdo entre los campesinos que antes habían sido sus siervos y que, desde entonces, no dependieron de más dueño que del recuerdo de aquel señor desaparecido en medio del misterio.
Pero muchas noches, en las orillas del Júcar, como para confirmar una presencia imposible, se escucharon cantos y risas que llegaban del fondo de las aguas y que a muchos hicieron pensar que el joven amo perdido se encontraba vivo y, sin duda, feliz, en algún lugar más allá de la corriente que se precipitaba hacia las Hoces.
FIN.
******
El mundo de los seres elementales , ese mundo "en el que usted no cree", forma parte inalienable de la tradición popular universal. Siempre, desde que se nos configuró la conciencia, ha vivido entre nosotros. Y la humanidad, bajo cualquiera de las fórmulas cambiantes que le va exigiendo el paso del tiempo, sigue recurriendo a él y a su imposible presencia para justificar su inevitable y visceral tendencia hacía lo numinoso, al margen de las devociones y las doctrinas que se le han impuesto desde más allá de sus querencias espirituales inmediatas.
Pasad un bonito fin de semana, muchas,muchas gracias por estar ahí, nos vemos la semana que viene. un abrazo.
lunes, 13 de junio de 2016
EL DRAGÓN DE LA LLUVIA. "Henri brunel"
En la China los dragones ejercen funciones muy importantes. El "Dragón rojo", por ejemplo, al que también llaman "el Dragón del fuego", si abre los ojos, aparece el alba, y si los cierra se hace de noche. Qué responsabilidad! El "Dragón del trueno y los relámpagos" vigila las tormentas. Duro oficio! El "Dragón de las nubes" las reúne como si fueran ovejas, es el pastor de los cumulonimbos. Y nada es más juguetón y malicioso que una nube! Se esconden, se metamorfosean en león, tiburón o jirafa, se deshilachan, se dispersan... Cuánto trabajo! Pero los dragones que tienen por misión echarse sobre el sol y la luna y morderles el trasero para impedir que vagabundeen son quizá los menos apreciados, y sin embargo realizan una tarea indispensable. Qué decir, por último, del "Dragón de la lluvia"? Debe verter el agua de la jarra mágica sobre las montañas, los bosques y los arrozales, ni demasiada ni demasiado poca, labor abrumadora que exige una atención constante. Imaginemos que riega por distracción el desierto de Gobi!
******
Se comprende, por lo tanto, que los dragones necesiten de vez en cuando un poco de descanso y de fiesta. Una de las mejores ocasiones es el aniversario del emperador de los dragones. En el palacio celeste todo son banquetes gargantuescos, comilonas, risas y canciones. Aquel año la orgía duraba desde hacía tres días. En las salas y corredores no había más que cuerpos tirados por el suelo. El "Dragón de la lluvia", roncaba durmiendo la mona. Pero, como todo el mundo sabe, un día de los dragones equivale a un año entero de los seres humanos. Y en la tierra, en la gran llanura de la China, la situación resultaba dramática. Ni una gota de lluvia desde hacía tres años! Los habitantes enviaron una delegación para suplicar al pequeño "Dragón de oro", que es el mensajero entre los hombres y los dragones del cielo.
-Señor dragón, salvadnos! Ya no queda ni una gota de agua, los cadáveres de los animales cubren la llanura, y nos vamos a morir todos de hambre!
-Voy a intentarlo- dijo el "Dragón de oro", compadecido, y se fue volando hacia el palacio celeste.
******
Al llegar a la corte del emperador vio un espectáculo lamentable. No había más que cuerpos tumbados aquí y allá sobre las alfombras, en los corredores. Descubrió al señor de la lluvia y lo sacudió con vigor. No obtuvo más que un vago gruñido:
-Dejadme dooormiiir!
-Pero, Señor, los hombres se mueren en la tierra. Se anuncia un hambre espantosa, necesitan agua con toda urgencia!
-Dejaaadmeee dooormiiir!
En un corredor, el pequeño"Dragón de oro" encontró al señor del trueno, que estaba casi sobrio. Le explicó la situación. Aunque un poco vacilante el "Dragón del trueno y los relámpagos" unió sus esfuerzos a los del pequeño "Dragón de oro". Sacudieron de nuevo al señor de la lluvia:
-Despertaos, se necesita agua para los cultivos, los arrozales y los pobres habitantes de la gran llanura China.
-Es fi-fi-fiesta! -farfulló el "Dragón de la lluvia"- No haré nada a menos que el empe -pe-perador me lo ordene expresame -me -mente! -afirmó con una obstinación de borracho.
Le suplicaron, pero fue inútil.
La situación no tenía salida. Entonces el pequeño "Dragón de oro" asumió el riesgo de ir a molestar al emperador. Pero ante la puerta de las habitaciones privadas de Su Majestad fue interceptado por dos grandes dragones bien plantados, armados con alabardas, que le prohibieron el paso:
-Nadie puede entrar aquí, bajo pena de muerte!
El pequeño dragón se fue retorciéndose las manos de desesperación. Pensaba en los desdichados humanos que morían en la tierra, y en algunos en particular, a los que había llegado a amar. Qué hacer para salvarles? Decidió cometer el acto más grave que puede cometer un dragón: utilizar falsamente la palabra sagrada del emperador. Se acercó al señor de la lluvia y le gritó brutalmente al oído:
-Su Majestad te ordena que hagas llover sobre la gran llanura de China!
Inmediatamente, aunque medio adormilado, el "Dragón de la lluvia"cogió la jarra mágica, vertió agua sobre la gran llanura de China y volvió a dormirse.
El pequeño "Dragón de oro" regresó a la tierra y observó muy contento que los campos volvían a verdear. Sus amigos humanos estaban salvados.
Ocho días más tarde, el "Dragón de oro"era convocado al palacio celeste y llevado a presencia del emperador:
-Cómo has osado utilizar mi nombre sagrado y dar una orden en mi lugar? Este crimen se castiga con la muerte, y puedo condenarte a ser quemado vivo inmediatamente!
-Lo sé, Señor -dijo el pequeño Dragón, con la mirada baja.
-Pero la respuesta "justa" exige a veces que se contravengan las reglas y que se desobedezca -dijo el emperador. Y, pensativo, añadió:
La compasión es una vía de liberación.
Y, con un gesto casi paternal, lo despidió.
FIN.
******
-Maestro, la lección de este cuento es muy clara.
-Y cuál es esta lección, Toshibu? -pregunta el maestro zen.
-La compasión de la que ha dado muestras el pequeño Dragón de oro para con los humanos es la más bella de las virtudes.
Estás seguro de ello, Toshibu? Yo creo que la lección es muy distinta...
Y añade, después de un tiempo de silencio:
-Si encuentras a Buddha, mata a Buddha!
Los discípulos formaban un círculo alrededor del maestro y caía la noche. Más de uno, aquella noche, meditó largamente las enigmáticas palabras.
******
Qué paséis una muy buena semana, y disfrutéis cada momento de vuestras horas. Gracias por estar ahí y hasta la semana que viene. Un abrazo.
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Se comprende, por lo tanto, que los dragones necesiten de vez en cuando un poco de descanso y de fiesta. Una de las mejores ocasiones es el aniversario del emperador de los dragones. En el palacio celeste todo son banquetes gargantuescos, comilonas, risas y canciones. Aquel año la orgía duraba desde hacía tres días. En las salas y corredores no había más que cuerpos tirados por el suelo. El "Dragón de la lluvia", roncaba durmiendo la mona. Pero, como todo el mundo sabe, un día de los dragones equivale a un año entero de los seres humanos. Y en la tierra, en la gran llanura de la China, la situación resultaba dramática. Ni una gota de lluvia desde hacía tres años! Los habitantes enviaron una delegación para suplicar al pequeño "Dragón de oro", que es el mensajero entre los hombres y los dragones del cielo.
-Señor dragón, salvadnos! Ya no queda ni una gota de agua, los cadáveres de los animales cubren la llanura, y nos vamos a morir todos de hambre!
-Voy a intentarlo- dijo el "Dragón de oro", compadecido, y se fue volando hacia el palacio celeste.
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Al llegar a la corte del emperador vio un espectáculo lamentable. No había más que cuerpos tumbados aquí y allá sobre las alfombras, en los corredores. Descubrió al señor de la lluvia y lo sacudió con vigor. No obtuvo más que un vago gruñido:
-Dejadme dooormiiir!
-Pero, Señor, los hombres se mueren en la tierra. Se anuncia un hambre espantosa, necesitan agua con toda urgencia!
-Dejaaadmeee dooormiiir!
En un corredor, el pequeño"Dragón de oro" encontró al señor del trueno, que estaba casi sobrio. Le explicó la situación. Aunque un poco vacilante el "Dragón del trueno y los relámpagos" unió sus esfuerzos a los del pequeño "Dragón de oro". Sacudieron de nuevo al señor de la lluvia:
-Despertaos, se necesita agua para los cultivos, los arrozales y los pobres habitantes de la gran llanura China.
-Es fi-fi-fiesta! -farfulló el "Dragón de la lluvia"- No haré nada a menos que el empe -pe-perador me lo ordene expresame -me -mente! -afirmó con una obstinación de borracho.
Le suplicaron, pero fue inútil.
La situación no tenía salida. Entonces el pequeño "Dragón de oro" asumió el riesgo de ir a molestar al emperador. Pero ante la puerta de las habitaciones privadas de Su Majestad fue interceptado por dos grandes dragones bien plantados, armados con alabardas, que le prohibieron el paso:
-Nadie puede entrar aquí, bajo pena de muerte!
El pequeño dragón se fue retorciéndose las manos de desesperación. Pensaba en los desdichados humanos que morían en la tierra, y en algunos en particular, a los que había llegado a amar. Qué hacer para salvarles? Decidió cometer el acto más grave que puede cometer un dragón: utilizar falsamente la palabra sagrada del emperador. Se acercó al señor de la lluvia y le gritó brutalmente al oído:
-Su Majestad te ordena que hagas llover sobre la gran llanura de China!
Inmediatamente, aunque medio adormilado, el "Dragón de la lluvia"cogió la jarra mágica, vertió agua sobre la gran llanura de China y volvió a dormirse.
El pequeño "Dragón de oro" regresó a la tierra y observó muy contento que los campos volvían a verdear. Sus amigos humanos estaban salvados.
Ocho días más tarde, el "Dragón de oro"era convocado al palacio celeste y llevado a presencia del emperador:
-Cómo has osado utilizar mi nombre sagrado y dar una orden en mi lugar? Este crimen se castiga con la muerte, y puedo condenarte a ser quemado vivo inmediatamente!
-Lo sé, Señor -dijo el pequeño Dragón, con la mirada baja.
-Pero la respuesta "justa" exige a veces que se contravengan las reglas y que se desobedezca -dijo el emperador. Y, pensativo, añadió:
La compasión es una vía de liberación.
Y, con un gesto casi paternal, lo despidió.
FIN.
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-Maestro, la lección de este cuento es muy clara.
-Y cuál es esta lección, Toshibu? -pregunta el maestro zen.
-La compasión de la que ha dado muestras el pequeño Dragón de oro para con los humanos es la más bella de las virtudes.
Estás seguro de ello, Toshibu? Yo creo que la lección es muy distinta...
Y añade, después de un tiempo de silencio:
-Si encuentras a Buddha, mata a Buddha!
Los discípulos formaban un círculo alrededor del maestro y caía la noche. Más de uno, aquella noche, meditó largamente las enigmáticas palabras.
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Qué paséis una muy buena semana, y disfrutéis cada momento de vuestras horas. Gracias por estar ahí y hasta la semana que viene. Un abrazo.
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