Dicen, que hay que amar la Vida para vivirla,
y vivir la Vida para amarla.
Un ateo cayó por un precipicio y, mientras rodaba hacia abajo, pudo agarrarse a una rama de un pequeño árbol, quedando suspendido a trescientos metros de las rocas del fondo, pero sabiendo que no podría aguantar mucho tiempo en aquella situación.
Entonces tuvo una idea: ¡Dios! gritó con todas sus fuerzas.
Pero sólo le respondió el silencio.
¡Dios!, volvió a gritar. ¡Si existes, sálvame, y te prometo que creeré en ti y enseñaré a otros a creer!
¡Más silencio! Pero, de pronto, una poderosa Voz, que hizo que retumbara todo el cañón, casi le hace soltar la rama del susto: "Eso es lo que dicen todos cuando están en apuros".
¡No, Dios, no!, gritó el hombre, ahora un poco más esperanzado. ¡Yo no soy como los demás! ¿ Por qué había de serlo, si ya he empezado a creer al haber oído por mí mismo tu Voz? ¿O es que no lo ves? ¡Ahora todo lo que tienes que hacer es salvarme, y yo proclamaré tu nombre hasta los confines de la tierra!
"De acuerdo", dijo la Voz, "te salvaré. Suelta esa rama".
¿Soltar la rama?, gimió el pobre hombre. ¿Crees que estoy loco?
Se dice que, cuando Moisés alzó su cayado sobre el Mar rojo, no se produjo el esperado milagro. Sólo cuando el primer israelita se lanzó al mar, retrocedieron las olas y se dividieron las aguas, dejando expedito el paso a los judíos.
******
Muy buenos días, gracias por estar ahí, qué disfrutéis los buenos momentos que el universo nos regala, un abrazo y feliz día. Nos vemos prontito.
lunes, 15 de enero de 2018
lunes, 8 de enero de 2018
AUTOLIBERACIÓN INTERIOR. por "Anthony de Mello"
POCO SIRVEN LAS PALABRAS.
La realidad siempre es concreta, pero los conceptos sólo pueden acercarse a la realidad si son abstractos. Cada uno de nosotros tenemos unas peculiaridades que nos son esenciales -salen de nuestra identidad esencial- que es algo específico que hace cada uno sea uno, y para lo cual no existe adjetivo que lo defina. No sirven las palabras. Entonces, si al intuir eso específico de una persona me formo una imagen y la registro en la memoria, en un recuerdo, la he cristalizado en un solo aspecto de su ser, y además aprisionada en un concepto que le queda chico, porque es incapaz de definir lo que captó la intuición.
La persona es siempre evolutiva, en movimiento, mostrando distintas y continúas facetas que son infinitas y no se pueden fijar. Párate a escuchar a una persona -pero con la mente limpia de recuerdos y conceptos prefijados de ella- y verás cómo te sorprende a cada instante con facetas desconocidas, siempre nuevas e imprevisibles.
Ahora piensa que, si al hombre no se le puede clasificar, a Dios que es la Unidad, menos. Los prejuicios son los que fijan las personas. Prueba a verte a ti con ojos nuevos, luego a las personas más cercanas, luego a la naturaleza y, así estarás más cerca de poder ver a Dios. A Dios sin conceptos, despojado de los ídolos en que lo convertimos.
Lo cierto es que la realidad concreta es el concepto abstracto, porque la realidad siempre fluye, siempre está en movimiento como la persona. Las células de la persona se van renovando en cada instante mientras la persona sigue siendo la misma, se va mostrando de mil formas, por lo que es imposible enmarcarla en una de ellas. Así, somos cambiantes como un río siempre en movimiento. Tener conceptos para la realidad es una injusticia. Es como querer cristalizar a las olas, que no son cosa, sino acción. Igual le pasa a toda la creación, y con mayor razón a las personas.
Tú no puedes meter un huracán en una caja, y tampoco puedes meter la realidad en una caja. Los límites de la realidad son inmensos y movibles. Lo que ocurre es que el mundo en que estamos acostumbrados a movernos no es la realidad, sino un conjunto de conceptos mentales. Sólo los místicos son capaces de ser tan libres como para vivir la realidad tal como es.
Lo cierto es que tal libertad asusta, nos impone, porque supone romper con todo o, por lo menos, cuestionarlo todo. Ellos le imponen interrogantes a todo. Más vale la duda -acordaos- que la oración. Lo que ocurre es que no tenemos la verdad, sino la fórmula. Hay que pasar por encima de la fórmula para llegar a la verdad.
EJERCICIO
Acordándonos del camello que creía estar atado. ¿Qué son las cosas que me causan miedo? Ordinariamente, resulta más fácil romper las paredes de cemento que las de tu mente. Es que el hombre no quiere salir de la cárcel porque prefiere lo conocido al cambio. Le es más cómodo hacer lo acostumbrado. Tu miedo brota de manera que tienes tú de ver las cosas y de las consignas de tu mente.
Analiza, sinceramente, sosegadamente, cuales son tus cárceles imaginarias y por qué de tus miedos. Cuestiónalo todo y saca la realidad que hay detrás de los cuestionamientos. El día en que sientas el vacío de quedarte sin nada a qué agarrarte, ¡buena señal! Entonces ya puedes tú mismo comenzar a construir con realidad.
Las fronteras sólo estaban en tu mente, como las fronteras que querían que viese desde el avión. Eso es querer fragmentar la realidad, y la realidad es global, es unidad. En cuanto me creo indio, inglés, catalán, vasco o castellano,soy un producto de mi cultura, y como tal pienso y actúo como una máquina, como un robot. Hay que ver y obrar por tu propia visión y tu libre albedrío. ¿Es que el fin justifica los medios? La realidad no conoce fronteras y la naturaleza tampoco. Tu esencia, tu ser, no es español, ni catalán, ni francés. Entre tú y el otro tampoco hay fronteras, porque ambos pertenecéis a la unidad. Lo que ocurre es que, de no tener palabras, no habría cosas, por eso, la realidad se capta mejor en silencio. Se capta fluida, en movimiento.
Estúdiate a ti mismo, y estudia las reacciones que se disparan en ti ante las cosas.
******
Una luz para vuestro caminar del día a día, gracias siempre por estar ahí, disfrutar de los buenos momentos que el universo nos regala y un abrazo. ¡Hasta muy pronto!
La realidad siempre es concreta, pero los conceptos sólo pueden acercarse a la realidad si son abstractos. Cada uno de nosotros tenemos unas peculiaridades que nos son esenciales -salen de nuestra identidad esencial- que es algo específico que hace cada uno sea uno, y para lo cual no existe adjetivo que lo defina. No sirven las palabras. Entonces, si al intuir eso específico de una persona me formo una imagen y la registro en la memoria, en un recuerdo, la he cristalizado en un solo aspecto de su ser, y además aprisionada en un concepto que le queda chico, porque es incapaz de definir lo que captó la intuición.
La persona es siempre evolutiva, en movimiento, mostrando distintas y continúas facetas que son infinitas y no se pueden fijar. Párate a escuchar a una persona -pero con la mente limpia de recuerdos y conceptos prefijados de ella- y verás cómo te sorprende a cada instante con facetas desconocidas, siempre nuevas e imprevisibles.
Ahora piensa que, si al hombre no se le puede clasificar, a Dios que es la Unidad, menos. Los prejuicios son los que fijan las personas. Prueba a verte a ti con ojos nuevos, luego a las personas más cercanas, luego a la naturaleza y, así estarás más cerca de poder ver a Dios. A Dios sin conceptos, despojado de los ídolos en que lo convertimos.
Lo cierto es que la realidad concreta es el concepto abstracto, porque la realidad siempre fluye, siempre está en movimiento como la persona. Las células de la persona se van renovando en cada instante mientras la persona sigue siendo la misma, se va mostrando de mil formas, por lo que es imposible enmarcarla en una de ellas. Así, somos cambiantes como un río siempre en movimiento. Tener conceptos para la realidad es una injusticia. Es como querer cristalizar a las olas, que no son cosa, sino acción. Igual le pasa a toda la creación, y con mayor razón a las personas.
Tú no puedes meter un huracán en una caja, y tampoco puedes meter la realidad en una caja. Los límites de la realidad son inmensos y movibles. Lo que ocurre es que el mundo en que estamos acostumbrados a movernos no es la realidad, sino un conjunto de conceptos mentales. Sólo los místicos son capaces de ser tan libres como para vivir la realidad tal como es.
Lo cierto es que tal libertad asusta, nos impone, porque supone romper con todo o, por lo menos, cuestionarlo todo. Ellos le imponen interrogantes a todo. Más vale la duda -acordaos- que la oración. Lo que ocurre es que no tenemos la verdad, sino la fórmula. Hay que pasar por encima de la fórmula para llegar a la verdad.
EJERCICIO
Acordándonos del camello que creía estar atado. ¿Qué son las cosas que me causan miedo? Ordinariamente, resulta más fácil romper las paredes de cemento que las de tu mente. Es que el hombre no quiere salir de la cárcel porque prefiere lo conocido al cambio. Le es más cómodo hacer lo acostumbrado. Tu miedo brota de manera que tienes tú de ver las cosas y de las consignas de tu mente.
Analiza, sinceramente, sosegadamente, cuales son tus cárceles imaginarias y por qué de tus miedos. Cuestiónalo todo y saca la realidad que hay detrás de los cuestionamientos. El día en que sientas el vacío de quedarte sin nada a qué agarrarte, ¡buena señal! Entonces ya puedes tú mismo comenzar a construir con realidad.
Las fronteras sólo estaban en tu mente, como las fronteras que querían que viese desde el avión. Eso es querer fragmentar la realidad, y la realidad es global, es unidad. En cuanto me creo indio, inglés, catalán, vasco o castellano,soy un producto de mi cultura, y como tal pienso y actúo como una máquina, como un robot. Hay que ver y obrar por tu propia visión y tu libre albedrío. ¿Es que el fin justifica los medios? La realidad no conoce fronteras y la naturaleza tampoco. Tu esencia, tu ser, no es español, ni catalán, ni francés. Entre tú y el otro tampoco hay fronteras, porque ambos pertenecéis a la unidad. Lo que ocurre es que, de no tener palabras, no habría cosas, por eso, la realidad se capta mejor en silencio. Se capta fluida, en movimiento.
Estúdiate a ti mismo, y estudia las reacciones que se disparan en ti ante las cosas.
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Una luz para vuestro caminar del día a día, gracias siempre por estar ahí, disfrutar de los buenos momentos que el universo nos regala y un abrazo. ¡Hasta muy pronto!
UNA ORACIÓN PARA LA SEMANA, por "Anthony de Mello"
Goldstein, a sus noventa y dos años, había conocido los "pogroms" en Polonia, los campos de concentración en Alemania y toda clase de persecuciones contra los judíos.
¡Oh Señor!, dijo. ¿No es verdad que somos tu pueblo elegido?
Y una voz celestial replicó: "Sí, Goldstein, los judíos sois mi pueblo elegido".
"Bueno, ¿y no es hora de que elijas a alguien distinto?"
******
Muy buenos días y desearos lo mejor para éste nuevo año. Muchas gracias por estar de nuevo ahí y un abrazo para tod@s vosotr@s.
¡Oh Señor!, dijo. ¿No es verdad que somos tu pueblo elegido?
Y una voz celestial replicó: "Sí, Goldstein, los judíos sois mi pueblo elegido".
"Bueno, ¿y no es hora de que elijas a alguien distinto?"
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Muy buenos días y desearos lo mejor para éste nuevo año. Muchas gracias por estar de nuevo ahí y un abrazo para tod@s vosotr@s.
jueves, 4 de enero de 2018
VISTIÉNDOSE PARA UNA TRANSFORMACIÓN, por "Noah Ben Shea"
El paisaje de las montañas pintado en el azul siempre cambiante del cielo, el misterioso mecanismo del cuerpo humano, la rosa, la verde alfombra de la hierba, la generosidad de las almas, la grandeza de las mentes, la profundidad del amor: todo esto evoca la presencia de un Dios que es noble y hermoso.
Paramahansa Yogananda.
******
Mientras se preparaba para volver a casa, Jacob se puso una vez más su pesado abrigo, sin saber que estaba vistiéndose para una transformación.
El río que atravesaba la población unía a sus habitantes en un tejido de calles y casas, y Jacob lo siguió para volver a su hogar. Espesas sopas de hirviente caldo humeaban en las ventanas de algunas de las casas por las que pasaba Jacob. Recordó una ocasión en la qué, estando en la cocina con su madre, escribió su nombre en el cristal empañado de la ventana. Recordó a su padre. Recordó su pérdida. Y entonces se detuvo a recordar.
Cuando levantó la mirada del sendero vio una pequeña silueta sentada delante de la puerta de su casa, y sintió que su corazón se agitaba ante la simple idea de estar acompañado. "Gracias", musitó inaudiblemente Jacob, sabiendo a Quién le expresaba su gratitud.
Al acercarse, vio que era un hombrecito. El muchacho se puso en pie impacientemente, mientras se sacudía el polvo de los pantalones.
Jacob le hizo un gesto al muchacho con la mano abierta, indicándole que detuviera su acción:
-Si tú te quitas el polvo del viaje -Dijo Jacob sintiendo la inquietud del muchacho-, yo me veré obligado a sacudirme la harina de mi ropa.
Entonces, usted debe ser Jacob el Panadero -afirmó resueltamente el muchacho.
-Intento serlo -dijo Jacob.
Aquélla no era la respuesta que esperaba el chico pero, así y todo, continuó adelante:
-¿Cómo sabe que he hecho un viaje?
-¿Se te ha ocurrido pensar alguna vez que haya habido algún momento en que no hayas estado de viaje?
-respondió Jacob en un tono entre considerado e ingenioso.
El muchacho reflexionó sobre la respuesta de Jacob sin responder.
Jacob sonrió.
- Bueno. El silencio es la más sabia de las primeras respuestas que se pueden dar ante cualquier pregunta.
-Si la primera respuesta a una pregunta es el silencio, ¿cuál es la segunda?
-La compasión- dijo Jacob-. Entra. Aquí se está más caliente.
-Pero si usted no sabe quién soy. Ni siquiera sabe mi nombre -protestó el muchacho-. ¿Por qué me invita a entrar a su casa?
-De acuerdo- dijo Jacob-. Tengo frío. ¿Quién eres?
El chico se echó a reír.
-Yo también tengo frío.
-Exactamente lo que yo decía -concluyó Jacob, y con un gesto le invitó a entrar en la pequeña casa.
Pero el muchacho se quedó de pie en su sitio, negándose con la cabeza.
-No me está permitido entrar en su casa hasta que usted haya leído esto - le extendió una pulcra nota dirigida a Jacob.
Jacob cogió con lentitud la carta cerrada mientras echaba algún esporádico vistazo al joven por encima de la hoja. Allí estaban los dos de pie bajo la mortecina luz.
Querido Jacob,
Han pasado muchos años desde que las historias de Jacob el Panadero llegaron hasta el Consejo de Sabios. Al principio eran simplemente cuentos acerca de su sabiduría, y yo no era demasiado curioso. Pero después, los comentarios sobre su humildad y su compasión, y la realidad de mi mala salud, hicieron inevitable nuestro encuentro.
Cuando aparecí por la panadería disfrazado de indigente, usted me abrió su corazón y mi mente. Y después, cuando me mostré en mi verdadera naturaleza, usted siguió siendo el mismo.
Mi vida ha sido larga, pero los días de los hombres son breves. Yo le pedí a usted que tomara mi lugar como el Mayor del Consejo de Sabios, pero usted decidió seguir como panadero, y yo fui más prudente al aceptarlo.
Pronto me iré, y las comunidades no tendrán un Mayor para el Consejo. Pero tengo un nieto en el que, aún siendo joven, he depositado grandes esperanzas. Su nombre es Jonás. Le ruego que lo tome a su cargo. Le ruego que sea su maestro y le preste su hombro como un padre; la vida se llevó tanto a su padre como a su madre. Le pido esto como lo que es: el último deseo de un hombre moribundo.
Nuestras escrituras dicen que no es bueno que el hombre esté solo, y ahora Jonás está solo. Al igual que usted, que también está solo. Que él sea una fuente de fortaleza para usted, del mismo modo que usted lo ha sido para tantos.
Le tengo a usted en mis oraciones. Quedo a la espera del placer de su compañia.
Suyo en la paz.
Ezra
El cielo se hizo negro. La luz de las velas y las chimeneas de las casas del pueblo formaron un círculo pulsante alrededor del muchacho y de Jacob. Y allí se quedaron, de pie, bajo el cielo.
Jacob levantó la vista hacia las estrellas y dejó reposar su mano sobre el hombro de Jonás.
******
Muy buenos días, deseo y espero que la reflexiones aquí escritas sean siempre una luz para vuestro día a día, muchas gracias siempre por estar ahí. Qué disfrutéis los buenos momentos que el universo nos regala y por mi parte para vosotr@s un Abrazo. ¡Nos vemos pronto!
Paramahansa Yogananda.
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Mientras se preparaba para volver a casa, Jacob se puso una vez más su pesado abrigo, sin saber que estaba vistiéndose para una transformación.
El río que atravesaba la población unía a sus habitantes en un tejido de calles y casas, y Jacob lo siguió para volver a su hogar. Espesas sopas de hirviente caldo humeaban en las ventanas de algunas de las casas por las que pasaba Jacob. Recordó una ocasión en la qué, estando en la cocina con su madre, escribió su nombre en el cristal empañado de la ventana. Recordó a su padre. Recordó su pérdida. Y entonces se detuvo a recordar.
Cuando levantó la mirada del sendero vio una pequeña silueta sentada delante de la puerta de su casa, y sintió que su corazón se agitaba ante la simple idea de estar acompañado. "Gracias", musitó inaudiblemente Jacob, sabiendo a Quién le expresaba su gratitud.
Al acercarse, vio que era un hombrecito. El muchacho se puso en pie impacientemente, mientras se sacudía el polvo de los pantalones.
Jacob le hizo un gesto al muchacho con la mano abierta, indicándole que detuviera su acción:
-Si tú te quitas el polvo del viaje -Dijo Jacob sintiendo la inquietud del muchacho-, yo me veré obligado a sacudirme la harina de mi ropa.
Entonces, usted debe ser Jacob el Panadero -afirmó resueltamente el muchacho.
-Intento serlo -dijo Jacob.
Aquélla no era la respuesta que esperaba el chico pero, así y todo, continuó adelante:
-¿Cómo sabe que he hecho un viaje?
-¿Se te ha ocurrido pensar alguna vez que haya habido algún momento en que no hayas estado de viaje?
-respondió Jacob en un tono entre considerado e ingenioso.
El muchacho reflexionó sobre la respuesta de Jacob sin responder.
Jacob sonrió.
- Bueno. El silencio es la más sabia de las primeras respuestas que se pueden dar ante cualquier pregunta.
-Si la primera respuesta a una pregunta es el silencio, ¿cuál es la segunda?
-La compasión- dijo Jacob-. Entra. Aquí se está más caliente.
-Pero si usted no sabe quién soy. Ni siquiera sabe mi nombre -protestó el muchacho-. ¿Por qué me invita a entrar a su casa?
-De acuerdo- dijo Jacob-. Tengo frío. ¿Quién eres?
El chico se echó a reír.
-Yo también tengo frío.
-Exactamente lo que yo decía -concluyó Jacob, y con un gesto le invitó a entrar en la pequeña casa.
Pero el muchacho se quedó de pie en su sitio, negándose con la cabeza.
-No me está permitido entrar en su casa hasta que usted haya leído esto - le extendió una pulcra nota dirigida a Jacob.
Jacob cogió con lentitud la carta cerrada mientras echaba algún esporádico vistazo al joven por encima de la hoja. Allí estaban los dos de pie bajo la mortecina luz.
Querido Jacob,
Han pasado muchos años desde que las historias de Jacob el Panadero llegaron hasta el Consejo de Sabios. Al principio eran simplemente cuentos acerca de su sabiduría, y yo no era demasiado curioso. Pero después, los comentarios sobre su humildad y su compasión, y la realidad de mi mala salud, hicieron inevitable nuestro encuentro.
Cuando aparecí por la panadería disfrazado de indigente, usted me abrió su corazón y mi mente. Y después, cuando me mostré en mi verdadera naturaleza, usted siguió siendo el mismo.
Mi vida ha sido larga, pero los días de los hombres son breves. Yo le pedí a usted que tomara mi lugar como el Mayor del Consejo de Sabios, pero usted decidió seguir como panadero, y yo fui más prudente al aceptarlo.
Pronto me iré, y las comunidades no tendrán un Mayor para el Consejo. Pero tengo un nieto en el que, aún siendo joven, he depositado grandes esperanzas. Su nombre es Jonás. Le ruego que lo tome a su cargo. Le ruego que sea su maestro y le preste su hombro como un padre; la vida se llevó tanto a su padre como a su madre. Le pido esto como lo que es: el último deseo de un hombre moribundo.
Nuestras escrituras dicen que no es bueno que el hombre esté solo, y ahora Jonás está solo. Al igual que usted, que también está solo. Que él sea una fuente de fortaleza para usted, del mismo modo que usted lo ha sido para tantos.
Le tengo a usted en mis oraciones. Quedo a la espera del placer de su compañia.
Suyo en la paz.
Ezra
El cielo se hizo negro. La luz de las velas y las chimeneas de las casas del pueblo formaron un círculo pulsante alrededor del muchacho y de Jacob. Y allí se quedaron, de pie, bajo el cielo.
Jacob levantó la vista hacia las estrellas y dejó reposar su mano sobre el hombro de Jonás.
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Muy buenos días, deseo y espero que la reflexiones aquí escritas sean siempre una luz para vuestro día a día, muchas gracias siempre por estar ahí. Qué disfrutéis los buenos momentos que el universo nos regala y por mi parte para vosotr@s un Abrazo. ¡Nos vemos pronto!
martes, 2 de enero de 2018
LA LECHUZA Y EL CUERVO, por "Nazanin Amirian"
Comienza cada día con un buen pensamiento.
Siempre que en mi día a día soy consciente de cuánto me ha sido dado, las innumerables obviedades se convierten en una fuente de felicidad.
La agresividad es un mal aliado del hombre.
-Es cierto, Majestad, contestó el viejo hombre. No tener agallas para aceptar la verdad sobre sí mismo es tan malo como la agresividad. Uno puede poseer grandes ojos pero no ver la realidad. La mentira suena bien y por tanto recibe recompensa. Mientras que la verdad normalmente por ser dura, desacredita a quien la dice.
-Y, ¿qué dice esa fábula?, preguntó el joven rey.
El viejo sabio le hizo la reverencia y empezó a narrar su historia.
Los pájaros se habían reunido para elegir a su líder, no faltaba ninguno: la paloma, el halcón, la lechuza, el pavo, la garza, el ganso, el cuclillo, el gorrión, el ruiseñor y otros. Pero sí había un gran ausente: el cuervo.
Después de una deliberación muy cuidadosa, eligieron a la lechuza como su guía, justo cuando estaban preparando su coronación, el cuervo apareció y se posó en la copa de un árbol.
¡Ya esta aquí nuestro amigo! Vamos a escuchar al sabio cuervo a ver lo que opina él, dijeron los pájaros.
¿Cómo valoras nuestra elección?, le preguntaron cuando bajó del árbol y se sentó entre sus compañeros.
Me habéis hecho una pregunta con franqueza y yo os debo contestar con la misma sinceridad, contestó el cuervo. La lechuza no es apta para esta función. El líder, en lo que refiere a virtudes y sabiduría, debe ser el mejor de cualquiera de nosotros. Además, ella no tiene control sobre su ira, es poco generosa y carece del don del perdón. Pero eso no es todo. La lechuza es incapaz de adaptarse a nuevas situaciones, es orgullosa y nada inteligente. El guía siempre debe abrir el camino para los demás, mientras que la lechuza es ciega durante el día, y sólo sale de su nido cuando la oscuridad domina el cielo; por todo ello, no puede ejercer la importante función de guiar a los demás.
¡Tiene razón, tiene razón!, dijeron algunos pájaros.
-Es posible que lo que dices sea cierto, pero vamos a escuchar la opinión de la lechuza, dijeron otros. ¿Cúal es tu respuesta, lechuza?
La lechuza miró con sus brillantes ojos a todos y cada uno de los pájaros sin decir nada. Simplemente, pestañeó ligeramente y se marchó furiosa. Por la noche, en la oscuridad, ella y sus compañeras lechuzas atacaron a los cuervos, matando un gran número de ellos. De allí viene la eterna lucha entre los cuervos y las lechuzas.
Cuando el viejo sabio terminó su relato, el joven rey se quedó pensativo y luego dijo:
Esta historia demuestra por qué mucha gente prefiere cerrar sus ojos y no conocer la verdad.
-Así es, Majestad, contestó el anciano. Pero a veces hay que cerrar los ojos para ver algunas cosas. Es lo que hizo el marido en la fábula de la esposa infiel.
Y, ¿que hizo?, preguntó el joven rey.
El viejo sabio le hizo la reverencia y empezó a narrar su historia.
******
Muy buenos y feliz día tengáis, qué disfrutéis de los buenos momentos que el universo nos regala, muchas gracias por estar ahí y un abrazo.
Siempre que en mi día a día soy consciente de cuánto me ha sido dado, las innumerables obviedades se convierten en una fuente de felicidad.
La agresividad es un mal aliado del hombre.
-Es cierto, Majestad, contestó el viejo hombre. No tener agallas para aceptar la verdad sobre sí mismo es tan malo como la agresividad. Uno puede poseer grandes ojos pero no ver la realidad. La mentira suena bien y por tanto recibe recompensa. Mientras que la verdad normalmente por ser dura, desacredita a quien la dice.
-Y, ¿qué dice esa fábula?, preguntó el joven rey.
El viejo sabio le hizo la reverencia y empezó a narrar su historia.
Los pájaros se habían reunido para elegir a su líder, no faltaba ninguno: la paloma, el halcón, la lechuza, el pavo, la garza, el ganso, el cuclillo, el gorrión, el ruiseñor y otros. Pero sí había un gran ausente: el cuervo.
Después de una deliberación muy cuidadosa, eligieron a la lechuza como su guía, justo cuando estaban preparando su coronación, el cuervo apareció y se posó en la copa de un árbol.
¡Ya esta aquí nuestro amigo! Vamos a escuchar al sabio cuervo a ver lo que opina él, dijeron los pájaros.
¿Cómo valoras nuestra elección?, le preguntaron cuando bajó del árbol y se sentó entre sus compañeros.
Me habéis hecho una pregunta con franqueza y yo os debo contestar con la misma sinceridad, contestó el cuervo. La lechuza no es apta para esta función. El líder, en lo que refiere a virtudes y sabiduría, debe ser el mejor de cualquiera de nosotros. Además, ella no tiene control sobre su ira, es poco generosa y carece del don del perdón. Pero eso no es todo. La lechuza es incapaz de adaptarse a nuevas situaciones, es orgullosa y nada inteligente. El guía siempre debe abrir el camino para los demás, mientras que la lechuza es ciega durante el día, y sólo sale de su nido cuando la oscuridad domina el cielo; por todo ello, no puede ejercer la importante función de guiar a los demás.
¡Tiene razón, tiene razón!, dijeron algunos pájaros.
-Es posible que lo que dices sea cierto, pero vamos a escuchar la opinión de la lechuza, dijeron otros. ¿Cúal es tu respuesta, lechuza?
La lechuza miró con sus brillantes ojos a todos y cada uno de los pájaros sin decir nada. Simplemente, pestañeó ligeramente y se marchó furiosa. Por la noche, en la oscuridad, ella y sus compañeras lechuzas atacaron a los cuervos, matando un gran número de ellos. De allí viene la eterna lucha entre los cuervos y las lechuzas.
Cuando el viejo sabio terminó su relato, el joven rey se quedó pensativo y luego dijo:
Esta historia demuestra por qué mucha gente prefiere cerrar sus ojos y no conocer la verdad.
-Así es, Majestad, contestó el anciano. Pero a veces hay que cerrar los ojos para ver algunas cosas. Es lo que hizo el marido en la fábula de la esposa infiel.
Y, ¿que hizo?, preguntó el joven rey.
El viejo sabio le hizo la reverencia y empezó a narrar su historia.
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Muy buenos y feliz día tengáis, qué disfrutéis de los buenos momentos que el universo nos regala, muchas gracias por estar ahí y un abrazo.
UNA ORACIÓN PARA LA SEMANA, por "Anthony de Mello"
Dos hermanos, el uno soltero y el otro casado, poseían una granja cuyo fértil suelo producía abundante grano, que los dos hermanos se repartían a partes iguales.
Al principio todo iba perfectamente. Pero llegó un momento en que el hermano casado empezó a despertarse sobresaltado todas las noches, pensando: "No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la cosecha; pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que en mi ancianidad tendré todo cuanto necesite. ¿Quién cuidará de mi pobre hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro mucho más de lo que actualmente ahorra, porque su necesidad es, evidentemente, mayor que la mía".
Entonces se levantaba de la cama, acudía sigilosamente a donde su hermano y vertía en el granero de éste un saco de grano.
También el hermano soltero comenzó a despertarse por las noches y a decirse a sí mismo: "Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha. Pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso, que mi pobre hermano, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?
Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de grano al granero de su hermano.
Un día, se levantaron de la cama al mismo tiempo y tropezaron uno con otro, cada cual con un saco de grano a la espalda.
Muchos años más tarde, cuando ya habían muerto los dos, el hecho se divulgó. Y cuando los ciudadanos decidieron erigir un templo, escogieron para ello el lugar en el que ambos hermanos se habían encontrado, porque no creían que hubiera en toda la ciudad un lugar más santo que aquél.
La verdadera diferencia religiosa
no es la diferencia entre quienes dan culto
y quienes no la dan,
sino entre quienes aman
y quienes no aman.
******
Muy buenos días y mis mejores deseos para todos y todas vosotr@s, que paséis un bonito día, muchas gracias siempre por estar ahí y un fuerte abrazo. Nos vemos muy prontito!
miércoles, 20 de diciembre de 2017
ESTAMOS SOLOS JUNTOS. por "Noah Ben Shea"
Jacob se revolvió y se quedó mirando las ásperas Ivigas que formaban el costillar de su techo. Los instantes anteriores al amanecer daban un tenue baño de luz a las paredes. Jacob se detuvo por un momento y se preguntó si no habría despertado en el vientre de una gran ballena. Cerró los ojos de nuevo y dio gracias a Dios por el nuevo dí.
El frío en la pequeña habitación, como si de gélidos dedos se tratara, le daba la sensación de punzadas en los pies. Levantándose poco a poco, Jacob se maravilló de hasta qué punto un hombre puede ser pesado para sí mismo.
En el centro de una mesita estrecha reposaba un pan oscuro junto a un platito con sal. Con ambas manos, Jacob elevó el pan en una bendición. Luego, bajando de nuevo la ofrenda, asperjó con suavidad la sal sobre la corteza, frotándola entre el pulgar y el índice. Después, pellizcó la punta de la hogaza, desgajó un pedazo de pan y rompió su ayuno.
La simplicidad en las necesidades de Jacob enriquecía su vida. Queriendo menos cosas se permitía más lujos.
Jacob se arropó con el pesado abrigo que se solía poner para ir a la panadería. Abrió la puerta y se sumergió en la mañana. La nieve caída la noche anterior cubría la tierra.
Como un pequeño punto de pintura atravesaba el blanco lienzo, mientras el viento soplaba detrás de él borrando sus huellas a medida que avanzaba.
Una delgada línea de hielo se había formado alrededor del marco de las puertas traseras de la panadería, por lo que tuvo que cargar con el hombro para abrirlas. El hielo, al romperse, sonó como una ramita seca cuando se quiebra bajo el pie. Las palomas, a los pies de la plataforma de carga y descarga, se esforzaban en su labor de descubrir semillas y migajas. Jacob se complacía con su compañía, así como con sus rituales.
El suelo crujió bajo su peso cuando entró en la panadería; aquél era un gemido que le resultaba familiar. Le envolvió la oscuridad, y Jacob aceptó su abrazo. También aquello le resultaba familiar.
Observando las sombras se detuvo. Es curioso, pensó, en dónde sujetamos las raíces. Somos como semillas al viento que despiertan en la oscuridad.
Jacob sacó una cerilla del banco de trabajo que había junto a los hornos y se agachó para encender la llama del piloto. Una lágrima azul saltó y danzó a lo largo de la hilera de quemadores. Sé de ayuda, pensó Jacob. Una sola puede alumbrar a muchas.
Se incorporó con lentitud, enderezó la espalda y sacó un lápiz de su bolsillo trasero. Localizó los trozos de papel que guardaba en montoncitos cerca de la báscula de la masa y se puso a escribir.
Como un pastor de antaño, Jacob escuchaba los salmos en el viento.
Cuando los demás le decían a Jacob que lo que escribía reflejaba una gran sabiduría, él respondía,
"Lo que escribo es más sabio de lo que soy yo".
Cuando le decían, "Eres demasiado humilde", Jacob respondía, "Dios está siempre en concierto, pero la audiencia no siempre escucha".
Jacob se puso a desarrollar la masa que había estado en reposo durante la noche. El calor de los hornos colgaba sobre él como una manta suspendida del techo. Jacob se solazaba en aquel cálido confort, y se preguntaba si no estaría soñando todavía, metido aún en la cama.
Después, mientras trabajaba la masa con sus manos, pensó en los hogares de su pueblo. Veía a esposos y esposas despertándose en aquel momento. Veía a hijos e hijas con ojos como almendras gigantes observando los prometedores años que se abrían ante ellos. También veía su propia casa: con la cama vacía y la tenue huella de su cuerpo aún en las sábanas.
Se cernió sobre sí mismo, súbitamente solo. Era una sensación poco habitual para él. Se preguntó cuánta soledad podría encaramársele a las espaldas a un hombre que, durante tantos años, se había sentido en paz con su vida solitaria.
-Hola! -atronó una voz por detrás de él, asustando a Jacob y rompiendo aquellos instantes de tranquilidad.
Max, un joven panadero, que llevaba un saco de harina hacia la amasadera, de disculpó:
-Lo siento, Jacob, no pretendía asustarte-. ¿Estás solo?
Jacob se volvió hacia Max.
-Estamos solos juntos- dijo Jacob.
Poco después estaban los dos hombres, hombro con hombro, utilizando los bordes de sus manos para dar forma a las líneas de las hogazas.
Jacob, ¿te importaría si te hiciera una pregunta?
inquirió Max.
Jacob no respondió, sino que levantó una bandeja llena de panes sin cocer y la puso en uno de los carros.
-Jacob -le preguntó sorprendido Max- ¿me estás ignorando?
Simplemente me pregunto si me he estado ignorando a mí mismo- dijo Jacob.
Dijo aquello casi como ausente, dejándolo caer como el que esparce harina sobre los tableros de pan. Max estaba desconcertado. Nunca antes había visto a Jacob confuso con sus propios sentimientos.
Percibiendo la incomodidad de Max, Jacob le puso una mano sobre el hombro y le dijo:
En la vida solemos descubrir lo que no sabíamos que estábamos buscando.
-Te diré lo que estoy buscando yo -intervino Samuel, el dueño de la panadería, que había llegado también inadvertidamente-. Samuel desplazó su amplia figura alrededor de la amasadera, charlando como si estuviera ya en mitad de la conversación. Estoy buscando al resto de mis panaderos además de a mis clientes.
Después, moviendo la cabeza y observando los progresos del trabajo en la mañana, dijo:
-Bendito seas, Jacob. Sólo puedo contar contigo.
Como un director de orquesta perdido en su propio ritmo, Samuel agitaba su dedo índice mientras hablaba.
¿Y qué hay de Max? preguntó Jacob reconviniendo a Samuel por sus modales.
Cuando Max lleve aquí tantos años como tú, lo bendeciré también.
Bendice el instante, Samuel- dijo Jacob - y los años traerán su propia bendición. Muchos de nosotros vivimos una vida ajetreada porque se nos permite creer que estamos yendo a alguna parte.
¿Oyes eso, Max? dijo Samuel mientras Max salía para traer otro saco de harina. Aún cuando yo no diga nada, este hombre es capaz de convertirlo en algo.
-Sólo soy un panadero -dijo Jacob esquivando el cumplido -.De la harina hago el pan, pero el grano que hace la harina es un regalo de Dios.
Samuel se rió, y se palmeó el perfil de la panza bajo la blusa.
¿Y cuál es ese regalo, eh?
Tu amistad ha sido un enorme regalo para mí -dijo Jacob -.
Y yo valoro tu sabiduría -dijo Samuel meneando de nuevo el dedo -.aún cuando no siempre sepa lo que estás sintiendo.
En ocasiones, nuestro corazón guarda sus secretos hasta de nosotros mismos -dijo Jacob en voz baja.
Se oyeron nuevas voces que entraban en la panadería, fracturando el caparazón que envolvía a los tres hombres. El contrapunto de los panaderos llegó como nudos enlazados unos con otros a través de sus saludos y lo que pronto se convirtió en el engranaje de sus esfuerzos.
Las bandejas y los carros rodaban hasta los hornos como una promesa, y salían de allí con el tesoro apilado de las doradas hogazas. Las galletas, como montañas de monedas, caían de las bandejas en las fuentes y se llevaban apresuradamente, tiernas y calientes, hasta el mostrador. Y allí, las gentes del pueblo soltaban sus monedas y volvían presto a casa caldeadas por los panes que llevaban bajo los abrigos.
Con el palpitar de la actividad, los instantes pasaban para Jacob como un río; otro día en la panadería; otro día a la deriva, inconsciente,verdadero sólo en sí mismo.
El día había pasado. El alba se había convertido en crepúsculo.
******
Muy buenos días tengáis tod@s vosotr@s. Desearos una feliz navidad y pensad en vuestros sueños, seguro que un día se harán realidad. muchas gracias siempre por estar ahí y un fuerte abrazo.
El frío en la pequeña habitación, como si de gélidos dedos se tratara, le daba la sensación de punzadas en los pies. Levantándose poco a poco, Jacob se maravilló de hasta qué punto un hombre puede ser pesado para sí mismo.
En el centro de una mesita estrecha reposaba un pan oscuro junto a un platito con sal. Con ambas manos, Jacob elevó el pan en una bendición. Luego, bajando de nuevo la ofrenda, asperjó con suavidad la sal sobre la corteza, frotándola entre el pulgar y el índice. Después, pellizcó la punta de la hogaza, desgajó un pedazo de pan y rompió su ayuno.
La simplicidad en las necesidades de Jacob enriquecía su vida. Queriendo menos cosas se permitía más lujos.
Jacob se arropó con el pesado abrigo que se solía poner para ir a la panadería. Abrió la puerta y se sumergió en la mañana. La nieve caída la noche anterior cubría la tierra.
Como un pequeño punto de pintura atravesaba el blanco lienzo, mientras el viento soplaba detrás de él borrando sus huellas a medida que avanzaba.
Una delgada línea de hielo se había formado alrededor del marco de las puertas traseras de la panadería, por lo que tuvo que cargar con el hombro para abrirlas. El hielo, al romperse, sonó como una ramita seca cuando se quiebra bajo el pie. Las palomas, a los pies de la plataforma de carga y descarga, se esforzaban en su labor de descubrir semillas y migajas. Jacob se complacía con su compañía, así como con sus rituales.
El suelo crujió bajo su peso cuando entró en la panadería; aquél era un gemido que le resultaba familiar. Le envolvió la oscuridad, y Jacob aceptó su abrazo. También aquello le resultaba familiar.
Observando las sombras se detuvo. Es curioso, pensó, en dónde sujetamos las raíces. Somos como semillas al viento que despiertan en la oscuridad.
Jacob sacó una cerilla del banco de trabajo que había junto a los hornos y se agachó para encender la llama del piloto. Una lágrima azul saltó y danzó a lo largo de la hilera de quemadores. Sé de ayuda, pensó Jacob. Una sola puede alumbrar a muchas.
Se incorporó con lentitud, enderezó la espalda y sacó un lápiz de su bolsillo trasero. Localizó los trozos de papel que guardaba en montoncitos cerca de la báscula de la masa y se puso a escribir.
Como un pastor de antaño, Jacob escuchaba los salmos en el viento.
Cuando los demás le decían a Jacob que lo que escribía reflejaba una gran sabiduría, él respondía,
"Lo que escribo es más sabio de lo que soy yo".
Cuando le decían, "Eres demasiado humilde", Jacob respondía, "Dios está siempre en concierto, pero la audiencia no siempre escucha".
Jacob se puso a desarrollar la masa que había estado en reposo durante la noche. El calor de los hornos colgaba sobre él como una manta suspendida del techo. Jacob se solazaba en aquel cálido confort, y se preguntaba si no estaría soñando todavía, metido aún en la cama.
Después, mientras trabajaba la masa con sus manos, pensó en los hogares de su pueblo. Veía a esposos y esposas despertándose en aquel momento. Veía a hijos e hijas con ojos como almendras gigantes observando los prometedores años que se abrían ante ellos. También veía su propia casa: con la cama vacía y la tenue huella de su cuerpo aún en las sábanas.
Se cernió sobre sí mismo, súbitamente solo. Era una sensación poco habitual para él. Se preguntó cuánta soledad podría encaramársele a las espaldas a un hombre que, durante tantos años, se había sentido en paz con su vida solitaria.
-Hola! -atronó una voz por detrás de él, asustando a Jacob y rompiendo aquellos instantes de tranquilidad.
Max, un joven panadero, que llevaba un saco de harina hacia la amasadera, de disculpó:
-Lo siento, Jacob, no pretendía asustarte-. ¿Estás solo?
Jacob se volvió hacia Max.
-Estamos solos juntos- dijo Jacob.
Poco después estaban los dos hombres, hombro con hombro, utilizando los bordes de sus manos para dar forma a las líneas de las hogazas.
Jacob, ¿te importaría si te hiciera una pregunta?
inquirió Max.
Jacob no respondió, sino que levantó una bandeja llena de panes sin cocer y la puso en uno de los carros.
-Jacob -le preguntó sorprendido Max- ¿me estás ignorando?
Simplemente me pregunto si me he estado ignorando a mí mismo- dijo Jacob.
Dijo aquello casi como ausente, dejándolo caer como el que esparce harina sobre los tableros de pan. Max estaba desconcertado. Nunca antes había visto a Jacob confuso con sus propios sentimientos.
Percibiendo la incomodidad de Max, Jacob le puso una mano sobre el hombro y le dijo:
En la vida solemos descubrir lo que no sabíamos que estábamos buscando.
-Te diré lo que estoy buscando yo -intervino Samuel, el dueño de la panadería, que había llegado también inadvertidamente-. Samuel desplazó su amplia figura alrededor de la amasadera, charlando como si estuviera ya en mitad de la conversación. Estoy buscando al resto de mis panaderos además de a mis clientes.
Después, moviendo la cabeza y observando los progresos del trabajo en la mañana, dijo:
-Bendito seas, Jacob. Sólo puedo contar contigo.
Como un director de orquesta perdido en su propio ritmo, Samuel agitaba su dedo índice mientras hablaba.
¿Y qué hay de Max? preguntó Jacob reconviniendo a Samuel por sus modales.
Cuando Max lleve aquí tantos años como tú, lo bendeciré también.
Bendice el instante, Samuel- dijo Jacob - y los años traerán su propia bendición. Muchos de nosotros vivimos una vida ajetreada porque se nos permite creer que estamos yendo a alguna parte.
¿Oyes eso, Max? dijo Samuel mientras Max salía para traer otro saco de harina. Aún cuando yo no diga nada, este hombre es capaz de convertirlo en algo.
-Sólo soy un panadero -dijo Jacob esquivando el cumplido -.De la harina hago el pan, pero el grano que hace la harina es un regalo de Dios.
Samuel se rió, y se palmeó el perfil de la panza bajo la blusa.
¿Y cuál es ese regalo, eh?
Tu amistad ha sido un enorme regalo para mí -dijo Jacob -.
Y yo valoro tu sabiduría -dijo Samuel meneando de nuevo el dedo -.aún cuando no siempre sepa lo que estás sintiendo.
En ocasiones, nuestro corazón guarda sus secretos hasta de nosotros mismos -dijo Jacob en voz baja.
Se oyeron nuevas voces que entraban en la panadería, fracturando el caparazón que envolvía a los tres hombres. El contrapunto de los panaderos llegó como nudos enlazados unos con otros a través de sus saludos y lo que pronto se convirtió en el engranaje de sus esfuerzos.
Las bandejas y los carros rodaban hasta los hornos como una promesa, y salían de allí con el tesoro apilado de las doradas hogazas. Las galletas, como montañas de monedas, caían de las bandejas en las fuentes y se llevaban apresuradamente, tiernas y calientes, hasta el mostrador. Y allí, las gentes del pueblo soltaban sus monedas y volvían presto a casa caldeadas por los panes que llevaban bajo los abrigos.
Con el palpitar de la actividad, los instantes pasaban para Jacob como un río; otro día en la panadería; otro día a la deriva, inconsciente,verdadero sólo en sí mismo.
El día había pasado. El alba se había convertido en crepúsculo.
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Muy buenos días tengáis tod@s vosotr@s. Desearos una feliz navidad y pensad en vuestros sueños, seguro que un día se harán realidad. muchas gracias siempre por estar ahí y un fuerte abrazo.
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